Hace unos días, un joven que está preparando su tesis doctoral me pidió que le revisara uno de sus documentos de trabajo. Su tesis versa sobre determinados aspectos de “la Base de la Pirámide en la India”. Por aclararlo, el concepto “Base de la Pirámide” (BoP) fue desarrollado por el profesor C.K. Prahalad. Centra su idea en que las personas que viven en la base de la pirámide económica, que en India se sitúa en las personas que ingresan entre 2$ y 8$ al día (por debajo, lamentablemente, aún están los intocables), también pueden ser sujetos de consumo. Es decir, que son consumidores potenciales de determinados productos/servicios. Solo hay que buscar qué productos/servicios ofrecerles, a qué precio y cómo hacérselo accesible.
Y como el profesor Prahalad menciona, uno de los problemas es “la suposición de que podemos tomar los productos existentes y, de alguna manera, venderlos en estos mercados”.
No me considero ni de lejos un experto en la BoP, aunque algo conozco. ¿Y por qué hablar en un blog financiero de la BoP y centrarla además en el área financiera?
Pues porque en España tenemos una BoP financiera. Son los más de 2,4 millones de PYMES, entendidas como Pequeñas y Microempresas, que hay en el país (datos del 2013 de la Comisión Europea), frente a las 20.000 medianas y grandes. Son considerados los “pobres” del mercado financiero, y las entidades financieras no acaban de considerarlos como un mercado efectivamente rentable. Es mejor dar un préstamo de 100 millones a una empresa grande, con rating e información comprensible por un pequeño y selecto equipo de analistas, que dar 1.000 préstamos de 100.000 € a PYMES, con el trabajo que eso comporta de análisis, evaluación, firma, seguimiento. Y si se les llega a ofrecer, se les plantea lo mismo que a los otros, el mismo producto con una mayor estructura de costes, y poniendo por delante la idea de que “en España hay poco crédito solvente, por eso hay poca demanda”. Esta frase anterior, que es en sí misma un oxímoron, se repite mucho. Demanda hay, pero si la entidad lo considera poco solvente, y ahí no entro en sus criterios, lo que habrá es poca oferta.
Lo que parece normal es que, siendo el 99,18 % de las empresas del país de la BoP financiera, habrá que plantearse
1.- Que es un mercado atractivo.
2.- Que hay que modelar un producto/ oferta financiera para ese mercado.
3.- Que dentro del cambio también deben entrar la tipología de producto y los canales de distribución, si no son eficaces para ese mercado.
Uno de los temas que se deducen en el acceso a la BoP es que se debe de cambiar la cadena de valor del producto. Hacer un análisis de qué necesita el cliente, que capacidad de compra tiene y a partir de ahí definir el producto: Una ingeniería inversa. Pero esto parece demasiado complicado para algunos banqueros, que prefieren seguir con las metodologías de siempre, yo creo que a la espera de que cuando cambien los tiempos, volvamos todos a su redil, a pedir los productos de siempre (no hay otra oferta) y con las relaciones asimétricas de siempre.
Porque ¿qué pasa si se ofrece el producto de siempre? Pues que la probabilidad de fracaso aumenta. Y por eso la pasada semana el Ministro Guindos ha tenido que reconocer que su idea sobre el mercado de pagarés de empresa, para Medianas Empresas (los “pobres” ya ni se lo plantean) no funciona. Ir a la BoP con el producto standard no vale. Hay que echarle imaginación, cambio y nuevas propuestas. Aceptando reglas de juego básicas (los préstamos están hechos para devolverse), pero cambiando la estructura del producto y, por qué no, el canal de distribución.
Se necesita un nuevo tipo de producto y nuevos canales de distribución que lleven el ahorro hasta las empresas de la BoP financiera, las pequeñas y microempresas. Porque si difícil lo tiene la micro-inversión, no lo tiene mejor el micro-ahorro, limitado muchas veces a depósitos bancarios de tipos escuálidos. ¡El intermediario, siempre el intermediario!
Sin dejar fuera las alternativas de tipo “ crowdfunding”, las empresas deben tener acceso a un mercado financiero que ofrezca productos estables, y los pequeños ahorradores la posibilidad de colocar sus inversión en activos que le den seguridad en la recuperación de sus fondos.
Se necesitan distintos elementos, habida cuenta de que la demanda (las pequeñas y las microempresa) y la oferta (ahorradores con poca formación financiera y un volumen limitado de fondos, que ven la retribución de sus ahorros limitada por la normativa del regulador bancario,) la tenemos clara.
Es necesario definir el activo que servirá de soporte a la operación de ahorro-inversión-préstamo. Y no hace falta inventar. La figura del pagaré puede ser idónea, más si incorporamos la capacidad de poder ser emitido a la orden, y por lo tanto endosable. Incorporaría en su valor, para su pago a vencimiento, el interés que se hubiera fijado para la operación. Sería emitido por la empresa, como compromiso de pago de los fondos que recibe. Pensemos en pagarés de 10.000 €, 50.000 € o 100.000 €, con vencimientos a 1 o 2 años. Idóneos en volumen/tiempo para los volúmenes de un ahorrador, y para las necesidades de las pequeñas empresas. Y lógicamente escalables, pues una empresa puede emitir 1 millón de €, con 10 pagarés de 100 mil €.
Un elemento que exige el ahorrador/inversor es la seguridad de la inversión que está realizando. Las entidades financieras no pueden asumir esa figura de garantizador. Pero sí podría ser asumida por las Sociedades de Garantía Recíproca. Darían el segundo aval no ante una entidad, sino ante un pequeño ahorrador/inversor. Y sería la SGR la que, desde un punto de vista profesional y con conocimiento financiero, pudiera validar si la empresa y el proyecto de empresa son merecedores de recibir la financiación. Cada empresa se ligaría a la SGR de su Comunidad Autónoma (a una y solo una SGR), que así podría controlar el volumen de financiación que la compañía emite. Y un registro público y contrastado entre las SGR dificultaría el que una empresa fuera emitiendo deuda incontroladamente.
Otro elemento necesario es poner en contacto al ahorrador y a la pequeña empresa. Y hemos de buscar un intermediario que no sea el habitual: las entidades financieras. Hoy ya tenemos alternativas en España. Las EAFI´s podrían ser un buen canal: Asesoramiento financiero independiente, orientado a las necesidades del cliente, y con un producto que tiene la garantía de las SGR. Para el ahorrador, asesoramiento sobre su ahorro. Y para la empresa, un canal de acceso a ese ahorro.
Y ya solo falta un elemento que dé liquidez a esos títulos. Si el pequeño ahorrador necesita la liquidez antes del vencimiento del activo que ha comprado, que la pueda rescatar. Con una penalización sobre la rentabilidad prevista, si es preciso, pero que haya sido claramente explicada al inicio de la operación (transparencia, sobre todo transparencia). Se necesita alguien con capacidad para asumir ese mercado. ¿Por qué no el ICO? Tiene los fondos, no tendría riesgo, y tiene los medios para hacerlo. Y dejaría de ser un mero facilitador de negocio para la banca.
Cada vez que hablo de este tema, encuentro a colegas que dicen que es imposible cambiar las reglas de juego. Pero en la India, Tata vende ya coches a 2.500 €, hay teléfonos móviles a 15 € y tablets a menos de 100€.
Y es que la Base de la Pirámide puede ser un sujeto de financiación, pero cambiando los esquemas. Y hoy necesitamos cambios. No lo olvidemos,”no estamos en una época de cambio, estamos en un cambio de época”
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