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¿POR QUÉ LO LLAMAN MOROSIDAD CUANDO QUIEREN DECIR PLAZO? (I)

Vamos a dedicar unos cuantos textos a hablar de un tema fundamental para nuestras empresas: la forma en que la legislación más nueva sobre morosidad puede afectar a nuestros acuerdos de cobro. Y las perspectivas no son halagüeñas ni nada claras, pero intentaremos arrojar algo de luz sobre el asunto.

Cuando hace menos de 9 meses que se ha publicado la Ley 15/2010 de “Modificaciones a la Ley 3/2004 de lucha contra la morosidad”, ya podemos prepararnos para una Ley que deberá llamarse “Modificaciones a las modificaciones de la Ley de lucha contra la morosidad”. La nueva Directiva del Parlamento Europeo publicada en el DOUE del 23 de Febrero de 2011 vuelve a abrir la discusión sobre los plazos de pago.

Nunca me ha gustado la Ley de Morosidad, ni la del 2004, ni la del 2010. Simplemente, porque entiendo que no son una Ley de Morosidad, sino una Ley de Plazos. Tomando los conceptos uno a uno, yo entiendo por moroso el señor que paga más allá del plazo pactado. Y el pacto sobre el plazo es el resultado de una negociación entre las partes. Negociación donde, lógicamente y como en cualquier acuerdo empresarial, no siempre está equilibrada la fuerza entre las partes. Y si mi cliente no me paga al vencimiento, me encuentro con dos posibles escenarios:

1.- Lo que llamo “morosidad de baja intensidad”, la de ese cliente que acaba pagando 10, 15 o 20 días tarde, tras llamadas, reclamaciones… Ojo, que aquí están también las grandes empresas, muy solventes pero administrativamente inoperantes, que conforman facturas tarde, aducen que la factura no tiene el número de pedido, o cualquier invento de la creatividad latina para pagar más tarde y mejorar sus ratios financieros.

2.- Luego está la “morosidad de alta intensidad”, el deudor que no atiende a requerimientos y nos obliga a solicitar el amparo de quien está para hacer cumplir la Ley: La Justicia. Para eso está la Ley de Enjuiciamiento Civil, que me dice qué acciones he de seguir para reclamar mi deuda (Acción monitoria, acción cambiaria, procesos ordinarios o verbales).

Y nada de eso cambia con la Ley de Morosidad. Lo poco que añade es que le puedo exigir unos determinados tipos de interés. Lo que sí fija la citada norma son los plazos máximos que se pueden pactar en una operación comercial. Es decir, limita una condición que hasta entonces se podía negociar. La Ley 3/2004 lo planteaba, pero la Ley 15/2010, una “ley refrito” que solo cambia algún artículo de la Ley anterior, limita cualquier posibilidad de pacto. Pero eso sigue sin tener  nada que ver con el concepto de morosidad. En todo caso fija cuándo empieza ésta.

Pero la cosa no queda aquí. Si miramos hacia atrás, veremos que ni siquiera aporta demasiada novedad en este sentido. Analizaremos este punto en el siguiente artículo, no se lo pierdan.

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