Blog económico financiero de Grupo Choice

Venecia se hunde… y hay que reconstruirla en otra parte

Acabo de ver por televisión un reportaje sobre Venecia. Hermosa ciudad. Visita recomendable, sobre todo acompañado. Como siempre el reportero añadía un comentario sobre que Venecia se hunde. Construida sobre una laguna, y apoyada sobre columnas de madera, lenta e inexorablemente se hunde. Periódicamente sufre el fenómeno de aqua alta. La marea sube e inunda parcialmente la ciudad. Y cada vez los episodios son más frecuentes y más fuertes. Se dedican grandes sumas a intentar salvarla, en un intento, quizás vano, por mantenerla en pie y sobre el agua.

Y he pensado que ocurría si, ojala nunca pase, una violenta tormenta destrozara Venecia. ¿Alguien reconstruiría la ciudad en el mismo sitio?. Probablemente no.

Al cambiar de canal, la noticia en pantalla era sobre la actividad de los bancos en España en los últimos meses. A pesar de que los depósitos han aumentado en un 7%, la actividad crediticia no ha aumentado. Las entidades han dedicado esos fondos a reducir su endeudamiento. Y he pensado: Venecia se hunde, o peor, se ha hundido.

El sistema de financiación, en su operativa tal como lo conocíamos, se está hundiendo. Y no volverá a ser como antes. Cuando las entidades de financiación recomiendan desapalancarse, cuando el sálvese quien pueda vale más que fidelidades históricas o garantías de cualquier tipo, hay que pensar que la Venecia que conocimos no se reconstruirá en el mismo sitio. Ni lógicamente será igual. Y a eso lo llaman desintermediación financiera.

Las entidades financieras cumplen básicamente dos funciones: ser prestadoras de servicios de custodia de los fondos, de cobro y de pago, y ser fuente de financiación, movilizando los recursos depositados en ellas o utilizando su acceso a los mercados financieros. Hoy asistimos a una tendencia a engordar la cuenta de resultados vía servicios (comisiones y cargo de gastos hasta por respirar en la oficina bancaria), porque las operaciones de financiación ni se hacen, ni se quiere, ni se pueden hacer, por lo menos con el mismo ritmo (no digo ya con la misma alegría) que hace unos años.

Las empresas más cautas, y grandes, que ya han visto esto venir desde que se construyó el sistema, han encontrado medios para encontrar capitales fuera del sistema bancario, o usándolo de una manera especial (otro día hablaremos de los prestamos sindicados).

En el mundo de las empresas hay que diferenciar dos grupos distintos: Las GRYMES y las PYMES. Son las grandes y medianas empresas, por una parte, y las pequeñas y microempresas por otra.

Las GRYMES se han ido buscando la vida desde hace tiempo para no tener que recurrir a las entidades financieras directamente. A través de la Bolsa, las emisiones de obligaciones y bonos, o las emisiones de pagarés financieros, han ido obteniendo fondos. Y para ello han ido creando mercados, más o menos operativos, que dieran liquidez a los títulos que emitían. Para las medianas empresas  se ha creado el MAB, Mercado Alternativo Bursátil, que permite con un menor tamaño de empresa acceder también directamente al ahorro privado. Y han buscado compañías que las califiquen, a modo de empresas de rating, para que sus títulos sean aceptados. Algunos de estos mercados, como el MAB, son aún incipientes, pero la semilla ya está plantada.

Y con las PYMES ¿Qué podemos hacer? Pues pensar donde reconstruir nuestra Venecia financiera.

Para ello se necesitarán varias cosas. Primero, alguien que valide la calidad de la compañía que está emitiendo un activo que pretendemos vender para captar fondos. Una estructura de empresas de rating, con el nivel de supervisión necesario (por favor, no excesivo), que permita tener una evaluación de la calidad de esos activos. Y quizás, mejor que inventar, usar lo que ya se tiene. ¿Podrían las Sociedades de Garantía Recíproca, las SGR, que deambulan por el mercado como los personajes de Pirandello, no en busca de autor pero sí de una actividad clara, asumir ese papel? Ya están constituidas, ya tienen experiencia de evaluación de empresas, y ya están supervisadas por los Organismos oficiales.

Después necesitaríamos un mercado. Un lugar donde los oferentes de activo se pudieran encontrar con los inversores. Algo que evitara un nuevo Rumasa. El Mercado de Renta Fija (AIAF) es un ejemplo a seguir. Y necesitaríamos definir a unos operadores en ese mercado que ejecutaran ese tipo de operaciones de cerrar las operaciones, con unas garantías de honorabilidad.

Luego podríamos definir qué tipo de activos se pueden comprar y vender en ese mercado. Podríamos hablar tanto de pagarés de tipo financiero, como carteras de activo circulante, debidamente modelizadas y empaquetadas. Si el Estado vende deuda a 3 meses, por qué alguien no puede estar interesado en comprar el pagaré de una gran constructora en España a 180 días. Y más si ese activo está calificado con un rating que le asigna un riesgo, y por lo tanto permite evaluar una rentabilidad a exigir.

Y luego deberíamos encontrar a los inversores. Y quizás sea esto lo más difícil. Uno de los grupos más activos de inversión en el MAB son las Family Office, inversores preparados para analizar las posibilidades de rentabilidad en los mercados. Pero lo interesante sería llegar al ahorrador final a pie de calle. Y ahí chocamos con la incultura financiera del ahorrador en este país , y las malas experiencias con sellos y bodegas, que no hacen  que se cambien fácilmente los modelos de actuación. Pero algún día deberemos de dejar de pensar en las sartenes y las ollas, y empezar a pensar en términos de seguridad, riesgo y rentabilidad.

Seguro que hacen falta muchas más cosas. Esto es solo un intento de que, entre muchos, vayamos empezando a plantear este camino. Porque si no empezamos a pensar en cómo lograr superar el cambio de modelo, las PYMES se encontraran sin una fuente donde financiarse.  Venecia está desapareciendo día a día. Lo único que no desaparecerá, serán sus alcantarillas.

Lectura Recomendada: Un paseo por las alcantarillas de las finanzas

Deja un comentario.

Tu dirección de correo no será publicada.

*