Blog económico financiero de Grupo Choice

Las 6 etapas de la gestión del riesgo (I)

Dejamos en la entrada anterior a nuestro granjero planteándose los riesgos que tenía y debía cubrir.

El futuro es, por definición, incierto. Esa incertidumbre podemos percibirla como favorable, y diremos que tenemos una oportunidad, o como desfavorable, y diremos que tenemos un riesgo. Un billete de lotería comporta una incertidumbre, pero lo percibimos como una oportunidad. El futuro cobro de un cliente comporta una incertidumbre, y como puede ser negativa si no cobramos, lo percibimos como un riesgo. Para facilitar el tema, nos referiremos normalmente al concepto “riesgo”.

Pero este análisis de la incertidumbre es susceptible de racionalización. Por eso queremos plantear los 6 pasos básicos en la gestión de cualquier riesgo (u oportunidad). Y estos puntos pueden aplicarse tanto al riesgo de una casa, de un coche, de un cobro de cliente, de un tipo de cambio o de la estrategia comercial o financiera de la compañía.

Lo primero que debemos hacer es identificar la naturaleza del riesgo. ¿Cual es la situación negativa que se puede producir?  En algunos casos la identificación es rápida. Riesgo de cobro: riesgo de que el cliente no nos pague al vencimiento. Pero esto puede exigir un mayor análisis. Podemos tener solo el riesgo de que el cliente nos pague tarde (un ayuntamiento público) o de que pueda no pagarnos nunca (un cliente que pueda ir a concurso de acreedores o quiebra). El primero implica sobre todo riesgo financiero (¿tendremos suficiente capacidad financiera para aguantar hasta el cobro?) mientras que el segundo añade el riesgo del impacto adicional sobre la cuenta de resultados. Incluso una fuerte expansión comercial (por una nueva actividad de negocio, un nuevo producto o un gran contrato) implica el riesgo financiero de poder obtener la financiación necesaria del Working Capital durante el desarrollo el proyecto.

Y lo mismo podríamos decir de otros riesgos. Debemos identificarlo y definir ese riesgo, para poderlo gestionar. Si no lo conocemos o no lo percibimos, lógicamente no lo gestionaremos. Y si lo conocemos, pero lo percibimos solo como una oportunidad y no como un riesgo (un gran contrato que multiplica por 10 nuestras ventas) tampoco lo gestionaremos).

El segundo punto en la gestión del riesgo es su evaluación ¿De cuanto estamos hablando? Es lo que se conoce como “exposición al riesgo”. Y Si tenemos claro cual es el riesgo, podremos evaluarlo.

Los riesgos más fáciles de evaluar son las del área financiera. Con un cliente será la deuda que tiene con nosotros. Si hablamos de tipos de interés, serán las financiaciones que tenemos a tipo variable, en el caso de que suban los tipos de interés (o las que tenemos a tipo fijo, si esperamos una bajada de tipo de interés, por la “pérdida de oportunidad“). Si hablamos de divisas, uno de los riesgos será que la cotización suba o baje, en función de la posición neta (larga o corta)  que tengamos con esa divisa.

Pero podemos asumirlo en un entorno más próximo ¿cuanto vale mi cas? ¡Cuánto perdería si se incendiara? ¿Y si me robaran? Indudablemente, hay riesgos más fáciles de evaluar que otros. De algunos obtendremos los datos de nuestros sistemas de información. Y otros deberemos evaluarlos internamente, con un criterio menos “numérico”.

El tercer punto será la sensibilidad de nuestra compañía a la evolución negativa de ese riesgo, y el impacto que eso supondría. Si conocemos nuestra exposición al riesgo, podemos ver como afectarían distintos escenarios. Si una compañía tiene una exposición en financiación variable de 1 millón de euros, una variación del 1% al alza de los tipos de interés supondría un aumento de costes de 10.000 €. ¿Es eso significativo para nuestra compañía? ¿Vale la pena dedicar recursos económicos y humanos para gestionarlo? ¿Qué medios sería lógico dedicar? ¿Y si aumentaran 2 puntos? Si nuestra empresa solo trabaja básicamente, en compras y ventas, con euros, salvo una pequeña exportación de 15.000 USD ¿Vale la pena dedicar esfuerzos continuados al control del riesgo de cambio?

De este punto debe deducirse aquellos riesgos identificados, que efectivamente pueden tener un impacto significativo en la marcha de la compañía, y plantearse una especial gestión de los mismos.

El cuarto punto es uno de los más delicados. Simple pero delicado. Cualquier riesgo genera incertidumbre. Pero ¿Cuál es nuestra expectativa de evolución del riesgo? ¿Cómo creemos que evolucionaran los tipos de interés? ¿Cómo creemos que evolucionara la situación económica de ese cliente que mantiene con nosotros una deuda significativa? ¿Tenemos información para poder plantearnos esa expectativa de evolución?

Uno de los problemas actuales en las empresas es que la gran cantidad de información acaba generando un exceso de “ruido”. Y ese ruido nos impide a veces racionalizar la situación y encontrar una fuente clara de información para crear nuestra expectativa. ¿Subirán o bajarán los intereses? ¿Subirán o bajarán los cambios de las divisas? ¿Aumentará la liquidez en el sistema y el riesgo de impago se reducirá?

Esta expectativa, junto con el análisis de sensibilidad, nos va a dar una evaluación del impacto que podemos llegar a tener si el riesgo, en su connotación negativa, se materializa. Porque si no hay expectativa y análisis de sensibilidad, lo que tendremos es “miedo”, en su más estricta irracionalidad, cuando no pánico. Percibiremos un riesgo, pero no sabremos cuanto puede ser el impacto. Y eso nos puede llevar a situaciones irracionales en la gestión el riesgo. Si yo creo que los tipos de interés, en el corto y medio plazo, van a mantenerse o bajar, mi posición de gestión del riesgo de interés será muy diferente que si creo que van a subir.

Nos quedan dos puntos, muy importantes a tratar, la política de riesgos y las medidas de cobertura. Pero eso lo dejamos para la siguiente entrada.

Deja un comentario.

Tu dirección de correo no será publicada.

*