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Las 6 etapas de la gestión del riesgo (II)

Nos quedamos en la última entrada con dos puntos pendientes en la gestión del riesgo. El quinto punto, y fundamental en esta gestión, es la definición de las políticas de riesgo.

La definición de las políticas de riesgo es, nada más y nada menos, que definir el nivel de riesgo que se está dispuesto a aceptar. Los riesgos no asumibles, porque en el caso de producirse generarían un daño significativo a la compañía y no quieren asumirse, serán cubiertos. Y el resto no lo serán.

La definición de las políticas de riesgos es una función y una responsabilidad de la Dirección de la compañía. Han de generarse “top-down”. Y ese es una de las funciones donde la Dirección aporta valor, no ejecutando, sino marcando las líneas de actuación. Se pueden oír muchas opiniones y se debe recabar toda la información necesaria. Pero las políticas han de definirlas la Dirección, y ejecutarla luego los distintos departamentos.

Eso sí, cuando un riesgo no se identifica, y acaba materializándose en una pérdida para la compañía, todo el mundo busca un culpable. Y no se busca en la Dirección. Se busca en el departamento operativo. Cuando hay una bajada en los cambios de divisas y se generan pérdidas de cambio, se suele mirar al responsable de tesorería. Todo el mundo pregunta ¿Por qué no actuó? Lo que habría que preguntarse es ¿Ejecutó correctamente las políticas que teníamos definidas para la gestión del riesgo de divisas? Porque si no las ejecutó, habrá que pedirle responsabilidades, pero si no las había…

Y lo mismo ocurre cuando un cliente plantea un concurso de acreedores. Todo el mundo pregunta al responsable de cobros ¿por qué no se cobró? La pregunta debería ser ¿En que ha fallado nuestra política de gestión de riesgo de clientes? Porque si ésta existe a ese cliente se le concedió el límite de riesgo que considerábamos idóneo según la política de la compañía. Y con base en ella le vendimos y asumimos el riesgo. Y es esta política la que ha fallado.

Las políticas de riesgo, una vez éste ha sido identificado, definido y evaluado, pueden ir desde cubrir todos los riesgos a asumirlos todos. Es decir, desde intentar eliminar todo el riesgo, hasta dejarlo todo sin cubrir, y esperar que los acontecimientos nos sean favorables.

La política de riesgo sobre cobertura de inmovilizado, para prevenir el riesgo de disponibilidad (por incendio, robo o inundación), puede ir desde cubrir el 100% del valor de reposición, a no tener ningún tipo de seguro. Entre uno y otro hay un amplio rango: asegurar solo por el precio de compra, por un porcentaje de su valor, o no asegurar.

La política de riesgo de clientes puede ir desde asegurar el 100% del riesgo del cliente (el cliente no podrá tener un riesgo superior al límite asegurado concedido por la compañía aseguradora) a no tener seguro de crédito. Y entre una y otra se puede asegurar solo el 90% (es decir, permitir un exceso del 10%), o el 80%, o el 70%, o asegurar solo a algunos clientes, con todas las variables de gradación que queramos incluir.

Podríamos seguir con muchos ejemplos, pero lo fundamental es que las políticas de riesgos debe definirlas la Dirección, y debe quedar muy claro cuales son los riesgos aceptables, y por lo tanto susceptibles de no ser cubiertos, y cuales no se consideran aceptables, y por lo tanto deben ser cubiertos.

Y llegamos así al sexto punto: la aplicación de medidas de cobertura que permitan cubrir los riesgos no deseados.

Cada tipo de riesgo va a permitirnos distintas medidas de cobertura. Unas serán internas, de organización y procedimientos de trabajo que minimicen el riesgo, y otras serán externas, básicamente transfiriendo a un tercero (normalmente una compañía aseguradora o una entidad financiera) el riesgo.

Así, aseguraremos activos (instalaciones, maquinaria, existencias o cobros de clientes) o riesgos de responsabilidad de la compañía con compañías de seguros; aseguraremos cambios de divisas y tipos de interés con entidades financieras.

Y no podemos obviar que cualquier medida de cobertura, tanto interna como externa tiene un coste, por primas que nos cobre un tercero o por recursos internos dedicados. Y debe equilibrarse la relación coste/beneficio (o pérdida a evitar).

Pero podemos encontrar otros riesgos (comerciales, estratégicos, reputacionales) de los que no vamos a encontrar terceros que quieran aceptar el riesgo. Ahí es donde se debe demostrar la calidad de la Dirección de la compañía. Identificar los riesgos, definirlos claramente y establecer las pautas de gestión interna que permita su control y seguimiento.

Nuestro granjero identificó un riesgo (el de disponibilidad de sus instalaciones en caso de incendio y la pérdida de su ganado), lo evaluó y tomó las medidas internas (organización del almacén, extintores, formación) y externas (seguro de incendio ajustado en valor a lo que cree razonable) para cubrirlo. Ahora solo tiene que seguir evaluándolo periódicamente, e ir analizando otros riesgos que existen en su empresa. Y son bastantes.

Y debe quedar claro que con esto no se elimina siempre al 100% la posibilidad de la pérdida. Pero se ajusta a lo deseado por la empresa, y a lo que se considera aceptable. Como dijo Federico el Grande. “LA DERROTA ES ACEPTABLE, LO QUE NO ES ACEPTABLE ES LA SORPRESA

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