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El conflicto de intereses

conflicto-interesesEn enero de 2018 entrará en vigor MIFID II. Uno de sus objetivos es aumentar la protección del inversor (o lo que es lo mismo, del ahorrador) a través de incrementar los niveles de exigencia en cuanto a información y transparencia en la oferta de vehículos financieros.

Y una de las formas de aumentar la transparencia es la manifestación clara del posible conflicto de intereses. Un oferente de inversión (o sea, cualquier tipo de entidad financiera) a través de cualquier vehículo financiero deberá manifestar si hace su recomendación de forma independiente o no, y si va a obtener algún beneficio en la colocación del producto (comisiones por parte del emisor). Es decir, si hay algún conflicto de intereses en su recomendación.

Está claro que a todos nos parece bien que en la gestión de nuestros ahorros se aplique un criterio claro para evitar ese conflicto entre las partes, basado en la transparencia.

Pero, si miramos alrededor, vemos que esos conflictos de intereses son más corrientes de lo que pudiéramos pensar, y que no siempre se actúa con la transparencia necesaria.

Todos estamos de acuerdo en que “el cliente es el rey” y de que “hay que actuar en interés del cliente”. Pero somos conscientes de que eso no dejan de ser unas frases muchas veces vacías de contenido.

Hace unos días, un amigo me llamó y estuvimos comentando tres propuestas de software que tenía sobre la mesa. En las tres se le ofrecían 30 licencias para cubrir a todos los usuarios. Mirándolas con detalle le comenté que para 20 de esos usuarios no tenía por qué comprar la licencia, pues la información que iban a utilizar no la requería. Se quedó sorprendido. ¿Le estaban engañando todos? No, simplemente las propuestas las hacían vendedores de software, cuyo máximo interés es vender licencias. Y ahí se producía el conflicto de intereses. No se le daba una mala solución al cliente, pero no era la mejor, en interés del cliente, que se podía ofrecer.

El conflicto de intereses es subyacente e inherente a cualquier relación comercial (y no comercial). Dice el viejo refrán que todo el mundo “intenta arrimar el ascua a su sardina”.

Por eso siempre nos vamos a encontrar con ese conflicto. Quizás el tema a analizar es el nivel de desequilibrio que ese conflicto genera, y si es aceptable o no.

Si vamos a la situación de mi amigo (propuestas que triplican el coste de licencias) parece que el lógico conflicto de intereses comercial se ha llevado más allá de lo aceptable.

Si se hace una propuesta comercial siempre se busca el beneficio. Ahora bien, todo dependerá de la lógica de ese beneficio. Si el cliente no percibe que la contraprestación que paga (sea un precio, unas comisiones o un cargo adicional) está justificado por algún tipo de valor añadido adicional, se considerará perjudicado, y sentirá que el lógico conflicto de intereses se ha resuelto en su contra. Y nuestra relación con él se verá perjudicada. No olvidemos que se puede engañar a uno todas las veces, a todos una vez, pero no a todos todas las veces.

Lógicamente puede haber un conflicto de intereses manifiesto y resuelto siempre a favor de una parte. Se llaman oligopolios y en España sabemos bastante de eso.

Por lo menos MIFID II intenta acabar con el posible oligopolio bancario en la distribución de productos financieros. Esperemos que en otros ámbitos, tanto bancarios como en otros sectores económicos, se aplique el ejemplo.

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