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El rating bancario de las PYMES y la circular 6/2016 del BdE. La banca manda

boeEl pasado mes de julio el Banco de España publicó la Circular 6/2016 (ver texto al pie). Esta circular desarrolla lo previsto en la Ley 5/2015 sobre fomento de la financiación empresarial, que ya comentábamos en una entrada anterior. Esta norma es la que establecía que, en caso de cancelación o reducción de la financiación las entidades debían informar con un preaviso de 3 meses, y además “les tendrán que hacer entrega de una extensa información sobre su situación financiera e historial de pagos”.

Solo con leer la circular, se ve que es imposible que las entidades financieras puedan cumplir estas condiciones. Hablamos de más de 1.100.000 sociedades calificables como PYMES y más de 3 millones de autónomos. Es imposible tener a día de hoy preparada esa documentación y más cuando solo ahora se publica el detalle.

Pero el objeto de esta entrada es centrarnos en el capítulo 3 de esta circular, que es al que se centra en la metodología de la calificación del riesgo de PYMES y autónomos.

Las entidades calificaran el riesgo de cada cliente en uno de 5 posibles niveles, según su opinión sobre la capacidad del cliente para hacer frente a sus obligaciones:

  • Riesgo bajo: capacidad adecuada
  • Riesgo medio bajo: alguna incertidumbre no especialmente significativa
  • Riesgo medio-alto: incertidumbres significativas
  • Riesgo alto: serias dudadas sobre que pueda cumplir
  • No disponible: No hay información suficiente

Esta calificación se obtendrá a partir de evaluar tres tipos de criterios:

1.- Situación financiera del acreditado

2.- Variables cualitativas

3.- Variables conductuales

La situación financiera se estimará en base a una serie de ratios que serán:

1.- Actividad

2.- Margen

3.- Rentabilidad, antes y después de impuestos

4.-Liquidez

5.- Capital circulante

6.-Endeudamiento

7.- Solvencia

8.- Capacidad de rembolso de intereses

A partir de ahí la entidad dará una clasificación de muy buena/buena/regular/débil / no disponible, siempre referido a la capacidad estimada para hacer frente a sus compromisos financieros.

Las variables cualitativas evaluaran al cliente con base en ciertos criterios como antigüedad del cliente tanto en su negocio como en su relación con la entidad, el sector económico en que opera, el compromiso de los socios, su pertenencia a un grupo económico y otras que la entidad, razonablemente, desee añadir.

A partir de ahí se obtendrá una calificación de positiva/neutra/ negativa sobre el cliente y su negocio.

Las variables conductuales valoraran el comportamiento del cliente, según datos internos de la entidad, como posiciones vencidas, frecuencia y recurrencia de impagos (RAI,ASNEF,…), descubiertos e información de CIRBE.

A partir de ahí se obtendrá una calificación positiva/neutra/negativa referida al cliente.

Hasta aquí todo más o menos claro. Pero tras una lectura más detallada nos damos cuenta de que se ha dado una capacidad de subjetividad a la entidad que da al traste con la buena intención del legislador, que en la exposición inicial habla de que ” la información sea comparable“.

En primer lugar, son las entidades las que deciden la jerarquía de las variables (situación financiera, variables cualitativas y conductuales). O sea que a una le puede interesar más los ratios financieros, y a otras el comportamiento o la historia. Esta jerarquía será coherente, justificada y bla-bla-bla…Al final cada entidad podrá hacer “de su capa un sayo”.

Además, tanto los ratios financieros, como las variables cualitativas y conductuales serán valoradas según el modelo de gestión de cada entidad. Otra vez volvemos a la casilla de salida y es cada entidad quien decide.

Con lo cual se puede llegar a la situación de tener un mejor rating en una entidad y peor en otra, porque una valora unos elementos y no otros, o porque los criterios internos son diferentes aún en las mismas variables.

Además, la misma norma establece una serie de criterios que pueden dificultar la situación de algunas empresas.

Así la norma habla de “antigüedad del acreditado y del negocio” ¿Y qué le decimos a una start-up?

Algunos sectores, dentro de las variables cualitativas, pueden ser “tabú”. Y ni siquiera una buena solidez económica de la empresa, o una conducta intachable puede quizás superar esa situación.

No hay duda de que esta normativa es un paso adelante. Pero excesivamente corto. Las entidades quedan aún con una capacidad de decisión no transparente demasiado elevada. Y eso en nada favorece el deseo de transparencia de PYMEs y autónomos.

 

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