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Información y criterio

internetHace unos pocos días asistí a una reunión en la que, entre otros temas, se hablaba de los robo-advisors y su futuro impacto en el mercado del asesoramiento financiero. Un importante volumen de información a disposición del usuario.

Sin duda, las nuevas tecnologías dan un acceso a un enorme volumen de información. Aunque a veces la inflación informativa tiene efectos perversos.

No hay duda de que temas como Twitter acaban perjudicando la capacidad de comprensión y análisis. Y cada vez hay más gente que por encima de los 144 caracteres, es incapaz de poder asumir más información. Vamos, que tiene un overflow (un desbordamiento neuronal). Solo cabe el head-line de la noticia, aunque el cuerpo llegue a conclusiones distintas.

Pero el peligro no está en disponer de más información. El gran peligro es que falta criterio para analizar / evaluar/ aprovechar/despreciar en parte esa información. Y el criterio solo se obtiene con formación.

Cuando en Google se pregunta por “Préstamos hipotecarios en España” hay 183.000 entradas. Y aun así, la gente se sorprende de lo que es una cláusula suelo. Y hay casi 30.000 sobre préstamos hipotecarios multidivisa. Y hay gente que “se siente engañada”.

Volvemos una y otra vez a la famosa frase de “La venganza de Don Mendo “: “Yo no fui, fue el maldito Cariñena que se apoderó de mí”.

La alternativa que se ha tomado es la de la ignorancia, la ignorancia como eximente Y eso que durante años hemos defendido la teoría de que éramos unos JASP: Jóvenes, aunque suficientemente preparados. Las generaciones más preparadas de la historia del país.

Con más formación no se hubieran cometido los errores que aun hoy arrastramos. Pero es que parece que la voluntad de evitar esta falta de formación no se pretende evitar.

Esa falta de formación de los ciudadanos no solo se ve cuando se endeudan (aún no se entiende que los “préstamos rápidos” a precios insólitos sigan teniendo un mercado significativo, o que en el siglo XXI aun haya que explicar lo que cuesta la financiación a través de tarjeta de crédito. También cuando invierten sus ahorros lo hacen mayoritariamente en depósitos de rentabilidad neta (interés menos inflación) negativa.

Y ese exceso de información, junto con la falta de formación/criterio implica también la falta de necesidad de buscar la información adicional que complete una visión global. Se ve lo que se nos pone delante, aunque sea una boutade, y sobre eso se forma una opinión, sin buscar más alla de eso (recordemos al añorado Umberto Ecco).

Esa falta de formación se ve no solo a nivel de particulares, sino que la encontramos también a nivel de empresas. Y cuanto más PYME sea, o cuanto más microempresa, más falta de formación. A fin de cuentas, en un país de pequeñas y microempresa, la identidad en la mentalidad propietario/emprendedor y consumidor normal es mayor.

Si en este momento se preguntara a esas PYME que es el crowdlending, muchas no sabrían de qué se habla. Si se les hablara de que alternativas de financiación tienen el mercado, fuera de las entidades financieras, muchas no tendrían opinión. ¿Hay mucha información? Más de 500.000 entradas en Google sobre crowdfunding. ¿Hay mucha formación? Escasa.

Si le preguntáramos a las empresas que conocimiento tienen de sus costes financieros, tanto los operativos de comisiones y gastos, como de los costes de intereses en sus financiaciones, tampoco tendríamos una respuesta muy alentadora.

La información es necesario, porque se parte del principio de “Primero el dato y luego la opinión”. Pero para tener una correcta opinión es básico tener criterio. Y para tener criterio, es necesario tener formación. Un circulo virtuoso.

 

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