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Mi banco se fusiona con otro

Los últimos días están apareciendo noticias sobre la posible fusión entidades financieras. Y recientemente hemos asistido a otras. Y lo que suele ser solo una noticia de páginas salmón puede convertirse en un problema para la dirección financiera de una compañía. Básicamente podemos hablar de 3 problemas.

El primero y más importante es la acumulación de riesgos. Cuando dos bancos con los que mantenemos riesgo bancario se fusionan, lo primero que debemos prever es que vamos a tener una reducción del volumen de esos riesgos. Si con uno de los bancos que se fusionan tenemos 100 de riesgo y con el otro 75, no esperemos tener tras la fusión 175. La acumulación de riesgos es algo que nunca se produce. Y por lo tanto tenemos que estar preparados para esa reducción. Incluso, si nuestro banco se va a fusionar con otro con el que no trabajamos, hemos de pensar si la filosofía de riesgo es común. El absorbente puede volver con nosotros “a la casilla de salida” y con base en que “no nos conoce” y de su política de riesgos crediticios, reducir los que ya tenemos. O sea, hay que ir previendo que alternativas vamos a tener que buscar, y que se concentran en abrir relaciones con otras entidades. No esperar al último momento. Empezar contactos con otras entidades, comenzar con ellas operativas con riesgos mínimos, o incluso sin riesgo, para que cuando se vaya a producir esa reducción altamente previsible, podamos plantear a a la nueva entidad que nos cubra ese riesgo que desaparece.

El segundo problema es el posible cambio en la tipología de riesgos que se nos ofrece. La entidad absorbente puede no utilizar tipos de riesgo que la entidad absorbida si ofrecía. La absorbida podía ofrecer una línea de anticipo de facturas, mientras que la absorbente solo mantiene líneas de factoring al estilo tradicional (con aceptación del factoring por parte del cliente). O puede haber cambios en el tratamiento de descuento de recibos, pagares a la orden o no a larden, pues algunos se admiten y otros no. Tendremos que buscar nuevas entidades que si nos faciliten esas tipologías de financiación que nos son más útiles y habituales.

Y el tercero es el posible cambio de interlocutores. Hemos de prepararnos para presentar nuevamente a nuestra empresa, es decir, explicar a nuestro nuevo interlocutor cual es nuestra situación y, sobre todo, cuales son nuestros objetivos y planes de negocio futuro. Hay que volver a “vender la empresa” a la entidad, para que el impacto sobre el volumen de riegos sea lo menor posible.

Luego vendrán los cambios de sistemas de comunicación y los nuevos procedimientos de operaciones. Pero eso ya es un trabajo menor.

Así pues, cuando veamos publicado un artículo como el que adjuntamos, debemos analizar cuál puede ser el impacto futuro. Y comenzar ya un trabajo preparatorio para evitar complicaciones futuras.

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