Blog económico financiero de Grupo Choice

Millennials, centennials y banca low cost

En los últimos tiempos se habla mucho de la banca low-cost, y de la posibilidad de que las entidades financieras actuales puedan llegar a ese modelo.

El modelo de banca actual se ha basado en una alta capilarización mediante una extensa, y muy costosa, red de oficinas, y con unos ingresos basados en los diferenciales de intereses, entre depósitos y préstamos, los ingresos por comisiones de servicios de cobro y pago, y los ingresos por comisiones de gestión en operaciones financieras.

Lógicamente, tenemos que hablar no solo del oferente de servicios, sino también de un demandante cambiante, y por eso nos referimos a los millennials, nacidos entre 1981 y 1997, y a los centennials, nacidos a partir de 1998. ¿Cómo posicionamos a estos grupos frente a lo que ha sido el negocio habitual de la banca?

Hay por lo menos 8 caracteres que podemos definir como cambiantes en estos colectivos:

  1. Los millennials, y más aún los centennials, son nativos digitales. Su comunicación con la entidad y los servicios que demandan no pasan por ir a una oficina. Por lo tanto, las redes capilares pierden una parte esencial de su razón de ser.
  2. A estos grupos de edad no les gusta el endeudamiento. Han pasado en su juventud una crisis, o han crecido en un ambiente de crisis. Y tienen miedo al endeudamiento. De hecho, no usan tarjetas de crédito y prefieren usar solo tarjetas de débito: no me gasto lo que no tengo.
  3. El mundo digital ofrece servicios de cobro y pago rápidos y gratuitos, que no precisan de los canales bancarios. Y todos suspiran porque Google , Facebook o Amazon sean autorizados como banco.
  4. Su capacidad de ahorro es limitada. La devaluación salarial no permite dedicar mucho dinero al ahorro.
  5. Y ese bajo ahorro va ligado a su visión de “total consumer: son compradores omni-canal, lo que predispone a la compra compulsiva.
  6. Con un ahorro limitado y un consumo más o menos compulsivo, la posibilidad de plantearse una planificación financiera personal, aunque sea a corto plazo, es baja. Y eso sin contar la baja cultura financiera de estos colectivos.
  7. Con poco ahorro y miedo al endeudamiento, cada vez menos se plantean un endeudamiento a largo plazo como es el derivado de la compra de una vivienda. Pocos pueden, y los que quedan no quieren, entrar en ese riesgo. Y el alquiler toma cada vez más peso como alternativa a la solución de la necesidad de vivienda.
  8. Los que pueden ahorrar y plantearse inversiones, buscan alternativas con costes reducidos, lejos de las entidades financieras, tecnológicamente accesibles y como alternativas baratas, y de ahí el éxito de plataformas como Vanguard o los robo-advisors y otras. Junto a esto, las redes ofrecen alternativas de inversión con algo más de riesgo, pero más atractivas, como fondos de préstamos o crowdlending.

Con todo lo anterior, alguien diría que, en la relación con su negocio con las personas físicas, la banca está acabada ¿Qué le queda? Pues le quedan, aparte de la exclusiva en mantener cuentas corrientes, ni más ni menos, los Baby boom (1945-1964) y la Generación X (1965-1980). Y por la evolución demográfica de los próximos 30 años, una autentica pirámide invertida, estas generaciones van a ser las más numerosas. Y seguirán yendo a una oficina, seguirán usando sus cuentas bancarias y se seguirán endeudando, sino a largo a corto plazo.

¿Y en la relación con las empresas? La banca tradicional puede tener perdido con las grandes empresas el mercado de la financiación directa. Las emisiones de obligaciones o bonos cubren gran parte de sus necesidades financieras. Pero aún quedan fuentes de rentabilidad como la colocación de esas mismas emisiones (con jugosas comisiones) o los préstamos sindicados. Y las grandes empresas necesitan servicios de cobro y pago, a nivel nacional e internacional, que permiten a los bancos ofrecer sus redes tecnológicas y plantear servicios globales. Aunque para eso no haga falta una amplia red de sucursales.

Y queda el “solomillo” del negocio: Las PYMES. Sus fuentes de financiación, por ahora, son casi exclusivamente las entidades financieras. Hay otras fuentes de financiación, la banca en la sombra que representan los fondos de préstamos o el crowdlending, Aunque esté creciendo con niveles significativos, aún son poco relevantes como fuente de financiación. Pero tendrán más peso en el futuro.

Ciertamente, para este mercado, que es el que se disputan a dentelladas las entidades, no hace falta tampoco una amplia red de sucursales. Es más, el uso de la banca electrónica es percibido como un requisito básico por los clientes, obviando la necesidad de ir a una oficina.

O sea que las PYMES, como muchas veces pasa, van a ser los que ayuden a mantener el negocio. Y las generaciones menos habituadas a la tecnología.

Por eso, cuando se habla de “banca low cost” quizás se están interpretando mal los conceptos. Cerrar oficinas o bajar las comisiones no es una banca low cost. Eso es una banca con menores costes, que es otra cosa. E incorporar la tecnología ayuda sin duda a reducir esos costes y a aproximarse a las nuevas generaciones.

El “low cost” es otra cosa. Y está en la génesis y en el ADN de una empresa desde que nace. ¿Se imaginan ir a un Hipercor y encontrar las cosas presentadas en palets, para reducir costes, porque quieren ser low cost? Más de uno saldría corriendo. Las empresas low cost nacen, no se hacen. Esa cultura está en el personal y en los directivos, y está en la imagen que tiene el cliente. Y eso no se cambia de un día para otro.

¿Dónde estará la banca low cost? Algunas entidades actuales ya lo han intentado, pero creando, con menos éxito que más, segundas marcas. La verdadera banca low cost aparecerá cuando otros operadores, como Google o Facebook, puedan entrar en este mercado con una cultura de este tipo desde la base inicial.

Pero tranquilos, aún faltan años para que el Banco Central Europeo, o las autoridades nacionales, abran la mano para darles una ficha bancaria. Lo veremos, pero no tan pronto como algunos anuncian. El lobby bancario es mucho lobby.

Deja un comentario.

Tu dirección de correo no será publicada.


*