Hace unos días, comenzamos en un cliente el proyecto de implantación de un sistema de Business Intelligence (B.I.)

En la conversación con el Comité de Dirección de la empresa, en realidad un grupo familiar de un tamaño considerable, nos dimos cuenta de que había una cierta confusión de ideas sobre lo que una herramienta de este tipo permitía: Disponibilidad inmediata de información, datos en detalle de temas relevantes, la “nube” y el acceso a la información sin limitación geográfica,..Vamos, un “mix pot” de conceptos que suponía un riesgo para el proyecto, dada la “difusa” expectativa del cliente  (o de los clientes) y  por la tanto la alta posibilidad de insatisfacción con el resultado.

Así que aprovechamos que la reunión la presidía el padre, un “capitán  de empresas” de la vieja escuela, que fue el que creó el Grupo que ahora está en pleno relevo generacional, y que en un momento dado dijo: “ A mí las cosas me gustan rápidas y claras : hechos y consecuencias; sota, caballo y rey”. Pensé que la mejor manera de explicarle  el alcance del tema y que expectativa podía tener, era plantearle 6  refranes.

El primero fue “Es difícil llegar cuando no se sabe donde se va”. El BI sirve para poder visualizar en forma rápida la información relevante de la compañía, de forma selectiva y centrándose en la gestión por excepción. Y no solo sirve para decirnos dónde estamos, sino sobre todo para indicarnos la desviación respecto a  donde queríamos estar, para que podamos tomar las medidas necesarias para alcanzar los objetivos planificados.

Esa información se habrá definido a partir de unos KSO (Key Strategic Objectives), que se habrán concretado en unos KPO (Key Performance Objectives) y a su vez, en unos KPI (Key Performance Indicators). Definir esos KSO puede hacerse a nivel global o a nivel departamental. Y según el modelo de análisis que se utilice para definirlos, podrán estructurarse como un BSC (Balance Score Card), cuya visión intenta definir las variables estratégicas de la organización en cada uno de sus niveles para alcanzar su objetivo final : su misión. Y esto vale para una industria, un banco, una empresa de servicios o una ONG. Y claro, para cualquier tamaño de empresa.

O sea, primero saber dónde queremos ir, quizás solo a sobrevivir en el entorno actual hasta que amaine la tormenta, y luego nos planteamos la información necesaria para pilotar la nave.

En segundo lugar, hay que “separar el grano de la paja”. De un trabajo de análisis interno pueden deducirse muchos KSO, KPO y KPI. Pero como en línea de refranes,” lo poco amansa y lo mucho cansa”, hay que centrarse en lo que es efectivamente relevante para la gestión del negocio. Ir más allá de 10 o 12 KPI, de compañía o por área, se ha considerado siempre una cifra excesiva. Por tanto, hay que saber centrarse en lo relevante, apartando del camino conceptos que pueden parecer muy interesantes, pero que poco aportan efectivamente al desarrollo /crecimiento/mantenimiento de la compañía.

Llegados a este punto, ya tenemos una hoja de ruta de qué queremos ir a buscar. Y podemos seguir un camino más claro.

En tercer lugar, aplicar que “el que mucho abarca, poco aprieta”. Si una compañía inicia un proyecto de BI para abordar en primer lugar su gestión estratégica, el ámbito de actuación puede ser TODO. Eso es posible, pero exige una cultura interna de uso de la información y de gestión por objetivos ya aposentada en la compañía.

Pero si no es así, si hablamos de una gran o mediana empresa  sin esa cultura de gestión, se corre el riesgo de que no se vea utilidad en la información obtenida. “Eso ya lo sabíamos””Los resultados no son coherentes””No hacía falta tanto esfuerzo para esto”” Esta información yo ya la tenía con mi Excel”. Hablamos de dos problemas: cultura empresarial y tiempo hasta el resultado. Una cosa es decir que se tiene una cultura de gestión por objetivos, cuando estos son o demasiado difusos o demasiado concretos solo al nivel de departamento. Y por otro lado, abordar un proceso de larga duración, y que exige un esfuerzo notable, sin ver resultados, lleva al desanimo del equipo de trabajo. Es necesaria la “visibilidad” del resultado, la recompensa del esfuerzo.

Por eso, una de las mejores técnicas de implantación es usar el concepto de “mancha de aceite”. Empezar en un área de gestión, implantar y explotar con relativa rapidez el resultado, darle visibilidad en el resto de áreas de la empresa, e ir a por otra. Un proyecto global es ambicioso y “goloso”, a priori. Pero es largo en el tiempo, en el esfuerzo requerido y sobre todo dilatado en la obtención del resultado. Y tanto volumen, acaba atragantándose,  sobre todo cuando en las empresas la visión a corto plazo (el Quarter)  lo que prima es el resultado tangible. Proyectos a 1-2 años  son difícilmente soportables, y siempre el resultado final diverge sensiblemente de la expectativa inicial, con la correspondiente insatisfacción

Ya sabemos qué queremos, y de que área. Y aún no hemos empezado.

En cuarto lugar, nos encontramos con uno de los grandes outputs de un BI: “Llamar al pan y al vino, vino”. Uno de los problemas habituales que encontramos en las empresas es la discusión sobre lo que entra y lo que no entra en un concepto: Qué es venta(los artículos regalados ¿entran o no?); qué es precio (¿la tarifa con descuento y rápeles o sin tenerlos en cuenta?); qué es margen (¿Qué conceptos se deducen?). La discusión sobre lo que un departamento entiende frente a otro es origen de grandes pérdidas de tiempo. Una de las ventajas de los sistemas de BI es que exigen que cada concepto sea definido de una manera clara y determinada. No valen  visiones sesgadas o simples aproximaciones. Porque los sistemas de información son “tan tontos e inocentes” que solo calculan un concepto de una forma. Y ese activo que resulta de la implantación del BI, la definición exhaustiva de qué es cada concepto,  debe ser mantenido y corregido cada vez que sea necesario. Y con la idea de tener siempre una definición aceptada y consensuada por todos los departamentos afectados.

En quinto lugar, ya nos podemos poner en marcha, “A Dios rogando y con el mazo dando”. Tras mucho trabajo que nada tiene que ver con un sistema informático, ya sabemos qué buscamos y solo hay que recuperar la información para explotarla. Pero aún hay que localizarla, identificar las métricas y las dimensiones que se quieren explotar y validar los resultados de la búsqueda y el cálculo. Y al final tendremos lo que buscábamos entre millones de datos: La información de gestión para controlar cómo evoluciona nuestro KSO, KPO o KPI.

Y ya para acabar, en sexto lugar,  no olvidar que “el que adelante no mira, atrás se queda”.  Un sistema de BI está tan vivo y es tan cambiante como lo son los objetivos de una empresa o departamento y sus necesidades de información de gestión. Y una vez puesto en marcha y explotado, la misma organización irá identificando esos cambios y cómo deben de modificarse los indicadores que se buscan.

Al final, logramos que “el viejo capitán” lo viera claro. Y el proyecto se puso en marcha. Conceptos que parecen muy complejos  pero que caben en 6 refranes…no deben ser tan complejos

Desde hace algún tiempo, en las revistas internacionales de tesorería cada vez aparecen más artículos referidos a los TMS, los Treasury Management Systems. Y esto a alguien le puede parecer normal, porque en España hace ya 30 años que aparecieron los primeros sistemas integrados de tesorería. Pero a los que llevamos ya algún tiempo (mucho tiempo, la verdad) en el mundo de los sistemas de gestión de tesorería, no deja de sorprendernos esta “eclosión”.

Hace ya algunos años, tuve que presentar un sistema de tesorería a un grupo de expertos de una afamada consultora internacional. Su conclusión fue rápida: esto lo lleva ya la contabilidad, y para otros datos tenemos el Excel (el mejor invento del siglo XX, después del PC). De hecho, hasta hace pocos años, los grandes sistemas ERP que dominan el mundo no preveían dotarse de un sistema específico de tesorería.

Y ahora, hay páginas y páginas dedicadas a los TMS, y a brillantes proyectos de implantación. Supongo que con páginas de publicidad incluida.

Pero  cuando comienzas a ver cual es el uso que efectivamente se está dando a las herramientas, no ya a nivel internacional, sino en un país como España, que como digo tiene una larga tradición en este tipo de sistemas, te quedas sorprendido.

En Grupo Choice entendemos el uso de los sistemas de tesorería como un proceso que se inicia en la cobertura de las tareas con menor valor añadió, ligadas a temas más administrativos (conciliación, integración de cobros y pagos, reflejo contable y traspaso  a los ERP de administración para eliminación de duplicidad de tareas). Son aspectos importantes, que aumentan significativamente la productividad del departamento de tesorería, y liberan recursos para tareas más relevantes de gestión. Y estas tareas efectivamente se aprovechan. Y alcanzar niveles de conciliación del 85%-90% de los apuntes está al alcance de la mayoría de las compañías.

Pero la sorpresa llega ahí. Cuando hablamos de gestión operativa, pocas compañías van más allá de intentar conocer su saldo. Muchas no se fían ni de las proyecciones de tesorería derivadas de previsiones de cobros y pagos ¿La razón? Las previsiones de pago se aceptan como dato, si bien se depende de la “agilidad” del departamento contable para incorporar las facturas. Las previsiones de los ingresos de los cobros, si van a hacerse por reposición (cheque o transferencia) son dudosos. Y si se van a hacer mediante confirming o cartera, hay dudas en la operativa a seguir ¿Incorporarlos a vencimiento? ¿Gestionar una cartera de efectos y documentos de cobro? Y vuelve a aparecer el Excel (sustituto de la épica “libreta del tesorero”) para llevar las previsiones a 15-30 días vista.

En un rápido análisis, cuando hablas con los usuarios, se aprecia que los proyectos de implantación de esos sistemas brillan por su ausencia. Un proyecto que defina objetivos de gestión a alcanzar, pasos a seguir en la implantación (que no en la instalación, que es solo cargar un software), formación en profundidad que permita optimizar el resultado de la inversión realizada. En aras de un bajo coste, se vende que “con una semana de formación esto ya funciona”. Esto halaga al cliente (“es Usted capaz de esto y más”), y facilita la venta (bueno, bonito y barato). Lo que sufre es el resultado.

Y por tanto, llegar al tercer escalón de la evolución en el uso de los sistemas, en la mayoría de los casos es una quimera. Con la cantidad de instalaciones que hay en este país, parece mentira que hablar de negocio bancario o seguimiento de cash-flows y desviaciones presupuestarias siga siendo algo novedoso. O que las compañías no tengan un perfecto control del riesgo de interés que hay en su tesorería.

Claro que cuando uno lee en esas revistas sajonas los “proyectos de éxito” ve que los objetivos de gestión que se plantean no van a veces mucho más allá de poder conocer el saldo que se tiene en múltiples cuentas nacionales o internacionales, (mera conexión con bancos) o resolver los temas de centralización y barridos de cuentas (que siguen estando solo en el primer escalón). Y que pocos hablan de resolver los temas del segundo o tercer escalón.

Y hay que tener en cuenta que estos sistemas, de una rentabilidad clara aunque solo sea por la recuperación de costes bancarios por errores o por la reducción de carga administrativa, son la base para poder tener una información de calidad, que facilite el llegar a la elaboración de KPI de tesorería (más artículos sobre los KPI de tesorería aquí) que permitan, de verdad, añadir valor en la gestión.

O sea, que quien tenga un sistema que intente explotarlo al máximo de sus posibilidades, y si hace falta, que reinstale el sistema para sacarle el máximo fruto de gestión. La escalera a la gestión avanzada está marcada.

Y quien no lo tenga, que busque y compare, porque alternativas, hay.

Grupo Choice ofrece una de estas alternativas a través de las soluciones Ficos Treasury y Ficos Lite, para dar respuesta a los diferentes modelos de tesorería de manera totalmente integrada con el resto de las funciones de negocio, complementada por la suite de módulos complementarios que dan soporte desde la gestión para la elaboración del presupuesto de Tesorería a la ayuda a la toma de decisiones a través del cuadro de mandos BI Treasury.

Os invitamos a visitar nuestra página web donde tendréis más información sobre todos nuestros productos entorno a la gestión del la tesorería de la empresa, haciendo click aquí.

 

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KPI de tesorería II.

KPI de tesorería III.

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La gestión de la información y los Business Intelligence 

Vamos a concluir esta larga serie de entradas sobre KPI de tesorería centrándonos en las que afectan más a áreas de negociación y de tareas internas del departamento de tesorería.

Una de las tareas de gestión de la tesorería es mantener las relaciones con las entidades en la línea que se haya pactado, más aún ahora que han aparecido los conceptos de “fidelización” con un impacto directo sobre los tipos de interés de las financiaciones. Y eso corresponde al control del negocio bancario. Se debe por tanto fijar un objetivo de distribución del negocio bancario (cobros, pagos, operaciones de extranjero y en divisas, impuestos, seguros sociales,…) entre las distintas entidades. A partir de la información de los sistemas de tesorería, podemos establecer para un período de control (el ideal sería trabajar o con el concepto “Year to date” o con datos de 3-6 meses anteriores acumulados) el negocio cedido por entidad. A partir de aquí, el objetivo definido será el porcentaje que para cada concepto de negocio debe asignarse a cada entidad o, del total negocio de la empresa, que parte se asigna a cada entidad, según el tipo de acuerdos que se tengan establecidos. El objetivo del indicador será identificar si se está o no cumpliendo el objetivo, y mediante el drill-down, identificar en que entidad y/o concepto no se está cumpliendo, para tomar las medidas correctivas (direccionamiento de cierto tipo de negocio a determinadas entidades en el futuro inmediato).

Hay otro tipo de actuaciones, dentro del departamento de Tesorería, de carácter más administrativo, pero que también han de ser objeto de evaluación, y que a través de las herramientas de BI pueden ser de fácil y rápido control. Estos estarían ligados a tareas administrativas (conciliación) y tecnológicas (incidencias en acceso a información de entidades).

1. La conciliación es una tarea que en muchas compañías está bajo la responsabilidad tesorería, lógico si tenemos en cuenta que cualquier incidencia con las entidades deberá canalizarse a través de este departamento. La medida de la calidad de la conciliación bien dada por dos factores: El número de partidas pendientes de conciliación y la antigüedad de las partidas pendientes de conciliación. Debe por tanto fijarse un objetivo, por entidad – cuenta bancaria, de máximo número de partidas pendientes de conciliar, y de máxima antigüedad de las partidas pendientes. Y en caso de desviación, dedicar los esfuerzos necesarios para eliminar la incidencia.

2. Los sistemas de comunicación con los bancos son un elemento básico para la productividad del área de tesorería. Una medida del correcto funcionamiento de estos sistemas es el control de las incidencias en  uno de los puntos más críticos en la gestión de información, la correcta y puntual recepción diaria de los extractos y posiciones de tesorería. Un KPI puede establecerse sobre el número de incidencias en la recepción diaria de extractos por entidad. El superar en un período determinado (por ejemplo el mes) un cierto número de incidencias (2-3) exigirá el que se tomen medidas conjuntas, desde el Departamento Financiero y desde el Departamento de Sistemas de Información, para asegurar la efectividad del proceso.

Llegados a este punto, hemos identificado hasta 16 KPI dentro del área de tesorería. Con estos elementos consideramos que la Dirección Financiera y el departamento de Tesorería puede identificar dónde se están produciendo incidencias sobre los objetivos deseados, y por tanto, dónde debe centrar su actuación prioritaria.

Analizando esta área de la empresa, hemos constatado cuatro ideas básicas sobre los KPI en cualquier departamento:

  1. Se debe identificar claramente el concepto del objetivo que queremos controlar
  2. Se debe identificar cual es la medida que vamos a utilizar para controlar ese objetivo
  3. Se debe dar un valor al objetivo, para identificar el cumplimiento, o no, del mismo.
  4. El drill-down nos debe permitir llegar a la identificación de donde se está generando la incidencia y tomar las medidas correctivas pertinentes.

Los BI nos permiten, con una visión de “pirámide de la información multidimensional” ir desde la cúspide, el KPI general, hasta la base de la información en detalle, con una visión múltiple (por grupo bancario, por entidad, por línea financiera, por tipo de cuenta, por divisa,…) que, por su facilidad de acceso, independiza al usuario del departamento de Sistemas de Información, con el consiguiente aumento de la productividad global de la compañía. Y todo ello sobre una información corporativa, con una única fuente y por alineada totalmente con la información general de otros departamentos de la compañía.

Y a modo de resumen, podemos listar los 14 KPI más relevantes identificados en tesorería:

  1. Saldos disponibles
  2. Saldos futuros
  3. Evolución del cash-flow
  4. Disposición de líneas de financiación
  5. Coste de las líneas de financiación
  6. Maduración de líneas de financiación
  7. Rendimiento de las inversiones
  8. Maduración de las inversiones
  9. Riesgo de interés. Exposición
  10. Riesgo en divisas. Exposición por divisa
  11. Negocio bancario. Distribución
  12. Apuntes pendientes de conciliación
  13. Antigüedad de partidas pendientes de conciliación
  14. Incidencias en comunicación bancaria

Desde GRUPO CHOICE, como expertos en sistemas de información de tesorería, hemos trabajado en profundidad esta área, y desarrollado herramientas para conseguir esta información. Si lo desean, pueden consultar nuestra web www.choice.es en el apartado bitreasury.

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Continuando con el análisis de los KPI del área de tesorería, vamos a seguir con las diferentes áreas de gestión.

Los excedentes de tesorería deben ser gestionados teniendo en cuenta tres criterios básicos: la rentabilidad, el plazo de la inversión y la tipología de activos financieros (riesgo) en que se realiza la inversión.

1. El tesorero debe controlar y reportar la rentabilidad que se obtiene de los excedentes invertidos. A partir de los importes invertidos en diferentes activos, y de la rentabilidad de cada inversión, se obtiene un promedio ponderado de rentabilidad. En función de los objetivos financieros (mínimos de rentabilidad deseada), se podrá evaluar si se está por debajo del objetivo deseado, e identificar la o las inversiones que lo generan y tomar las medidas correctivas pertinentes.

2. El tesorero realiza inversiones de excedentes en función de las disponibilidades que se derivan de las previsiones y presupuestos de tesorería de la compañía. Por tanto puede existir un objetivo establecido de no comprometer los fondos en inversiones financieros más allá de un determinado plazo, sobre todo teniendo en cuenta que el “core business” de la empresa no es la rentabilidad de inversiones financieras. Por ello a partir de las inversiones financieras y de su plazo hasta vencimiento, podemos establecer un promedio ponderado de maduración y enfrentarlo al objetivo marcado por la Dirección. En caso de sobrepasarse ese plazo, podremos analizar qué inversión está generando esa desviación y corregirlo, o deshaciendo la inversión, si no comporta penalización, o con futuras inversiones a menor plazo para corregir la desviación.

3. Sobre la tipología de la inversión por el riesgo que puede llevar asociado, no deberían establecerse indicadores, pues la política de inversiones no es algo que deba estar en manos del tesorero, sino ser fijada por la Dirección Financiera de la compañía. Es decir, al no haber capacidad de gestión, se da por hecho que no se realizaran inversiones en activos con un riesgo superior al autorizad. Los KPI no se establecen para controlar acciones no autorizadas, sino para controlar que el desarrollo de las políticas de riesgo de la compañía se mantienen dentro de los límites deseados.

Veamos ahora otra área de gestión del tesorero: la gestión del riesgo de intereses. En este punto queremos controlar dos temas, la exposición al riesgo y la cobertura de ese riesgo. Estos KPI pueden establecerse sobre un momento dado (cierre del periodo de análisis) o sobre la situación en un futuro a corto plazo (situación en los próximos 3 meses, p.e.).

1. La compañía o grupo de compañías puede tener financiaciones a tipo variable. Eso puede suponer un riesgo (incertidumbre) sobre los costes financieros futuros. Y la compañía puede tener un objetivo sobre qué porcentaje máximo de financiación desea tener a tipo variable, porcentaje que puede variar en función de la coyuntura esperada (intereses al alza o a la baja). A partir del detalle de  los importes (autorizados/firmados) de las financiaciones a tipo variable y a tipo fijo por entidad, podemos establecer un KPI que controle ese porcentaje, y nos indique si se ha superado y en que entidad, para tomar las medidas correctivas necesarias, ya sea de cancelación o de cobertura de la financiación.

2. Otro indicador que puede ser complementario o sustitutivo del anterior sería el establecimiento de un objetivo sobre el riesgo neto de intereses tras tomar medidas de cobertura de riesgo, es decir, evaluando la exposición al riesgo (financiaciones a tipo variable) y neteando este riesgo con las medidas tomadas de cobertura (cap´s , swaps, fra´s, …) que reduzcan (cambio de tipo variable a fijo) o aumenten (cambio de fijo a variable) ese riesgo. Puede establecerse un objetivo de riesgo neto sobre el riesgo total, es decir, que porcentaje de las financiaciones queremos mantener, como máximo,  sin cobertura sobre el total riesgo de la compañía.

Y otra área de gestión de riesgos del tesorero es la de riesgo en divisas. Partimos de la definición de riesgo en divisas como la pérdida/beneficio derivado de los posibles cambios en la cotización de las divisas de los flujos netos de cobro y pago, financieros y comerciales, en divisas distinta a la nacional. Es decir, incluimos solo los riesgos transaccionales y obviamos los riesgos derivados de conversiones de balance o estratégicos, que entendemos que están fuera del área de actuación del tesorero. Queda claro que el tesorero debe ejecutar las políticas de riesgos de cambio que haya fijado la Dirección, y establecer un indicador de gestión alineado con la definición de ese objetivo. ¿Y cuál podría ser ese objetivo? ¿Cómo definirlo, para que no quede en una mera “orientación”?.

Hacemos una propuesta. Hablamos de exposición neta al riesgo en cada divisa. Por lo tanto debemos evaluar esa exposición neta en un futuro inmediato, según las características de la compañía (1 mes, 3 meses,…). Eso implica evaluar las previsiones y presupuestos de cobro y pago en cada divisa. Para tener el riesgo neto, compensamos cobros y pagos comerciales y financieros. Y a partir de ahí debemos incorporar las herramientas de cobertura de riesgo (seguros, financiaciones, swaps,..) que ya tengamos previstas o contratadas. El objetivo de la compañía podría ser que el riesgo en abierto final no superara el N% del total riesgo neto en cada divisa, derivado de operaciones propias de la compañía. Según el resultado del indicador, veremos si se cumplen las políticas de cobertura deseadas o no, teniendo en cuenta que ese porcentaje puede variar, para cada divisa, en función de  que nuestra posición sea larga o corta, y que nuestra expectativa sea de alza o de baja de la cotización frente a nuestra divisa nacional, que para la mayoría de nosotros será el Euro.

Y dejamos para la próxima entrada los últimos indicadores de gestión.

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Vamos a continuar con indicadores de riesgo relevantes en el área de financiaciones.

El tesorero debe controlar los riesgos que tiene asociados al área de financiaciones. Y éstos los podríamos centrar en cuatro conceptos: Disponibilidad de financiación sobre límites contratados, coste de las financiaciones, mix de las financiaciones (comerciales y financieras)  y vencimientos (plazo de maduración de las financiaciones).

1. El tesorero, para cubrir los riesgos de liquidez que veíamos en los puntos anteriores, tiene como herramienta el uso de financiaciones. Debe por tanto controlar los límites que tiene autorizados en las distintas entidades, y la utilización (e importe disponibles) que tiene en las distintas líneas. Podríamos por tanto fijar un objetivo de máxima utilización de financiación sobre el total autorizado (o firmado). Partiendo de la información a nivel de entidad-línea de financiación-límite contratado-utilización, podremos evaluar la posición global, y, mediante el drill-down, poder identificar alguna entidad-línea que esté superando los objetivos planteados.

Vemos aquí una diferencia entre utilizar los BI exclusivamente para obtener listados, o para controlar los KPI de gestión. Si el indicador nos dice que estamos dentro de los objetivos de utilización establecidos, no hace falta mayor información. Si no es así, mediante el drill-down podemos llegar a ver donde se produce la incidencia. Y al final, solo al final, si lo consideramos necesario, podemos obtener un listado por entidad y/o por tipo de línea. Una de las grandes ventajas de los BI es que, si están bien definidas las dimensiones y las métricas, el usuario final tiene una gran facilidad para generar  los listados que desee, y con los formatos/vistas que desee, pero siempre partiendo de una información corporativa y única.

2. Otro tema relevante en las financiaciones es su coste. A partir del coste de cada una de las líneas de financiación disponible, y en función de su utilización, a efectos de ponderación, en el periodo “desde-hasta” que se decida (mensual, trimestral …) puede fijarse un objetivo de máximo tipo de coste aceptable, alineado con los objetivos de la compañía. Si alguna financiación superara ese nivel, se establecería una señal de alarma. Otra versión de este KPI sería establecer el objetivo en el máximo tipo medio ponderado de coste aceptable. En caso de desviación, volveríamos al drill-down para identificar en qué entidad-línea de financiación  se está produciendo la desviación.

3. Un tercer punto de control que puede establecer el tesorero es el objetivo sobre el mix de financiaciones que está utilizando. El tesorero dispone de líneas de financiación comercial, ligada a las operaciones de compra y venta (descuento de efectos y recibos, factoring, anticipo de facturas, financiación de exportaciones, refinanciación de importaciones, líneas de crédito documentario…) y de líneas de tipo financiero puro (pólizas de crédito en cuenta corriente, pólizas de crédito, préstamos, leasing,…) y puede tener como objetivo el balancear este mix de una forma determinada. A partir de los datos de utilización de las distintas líneas financieras, por entidad, podemos fijar el objetivo de cómo queremos que se distribuya nuestra financiación. No es este un dato de gestión habitual, sobre todo en las PYMES, donde prima más el tener fondos disponibles que el origen de los mismos. Y aparece aquí otra característica de los BI. Si no hay objetivo, no hay KPI.  Podremos tener un listado más o menos detallado, sobre el que dar una opinión, pero no tendremos un sistema de alarma que nos diga si la realidad está alineada con los objetivos financieros de la compañía, … salvo que tengamos definido y evaluado ese objetivo.

4. El cuarto punto de interés del tesorero sobre las financiaciones puede estar sobre el plazo de maduración de su cartera de financiaciones. No es lo mismo que nuestro pasivo tenga un plazo de vencimiento medio ponderado de 3 meses, que si lo tiene de 3 años. Claramente, el riesgo de liquidez es muy distinto. A partir de los importes autorizados (o firmados) por tipo de línea y entidad, podemos obtener el plazo medio ponderado de vencimiento de nuestra deuda. Y a partir de un objetivo de mínimo plazo, en caso en que se esté por debajo de ese mínimo, identificar las entidades-líneas más relevantes y tomar las medidas que se consideren necesarias. Este KPI podría también orientarse con un enfoque adicional sobre financiaciones con vencimiento próximo inferior a N meses, para evaluar si es interesante o no su renegociación.

En una próxima entrada hablaremos de los KPI ligados al área de inversiones y riesgos de interés y cambio.

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Muchas veces se plantea en las compañías cual es el coste de obtener la información. En el cuadro adjunto se intenta evaluar la dedicación en horas que exige la obtención de la información coherente, teniendo en cuenta a todos los elementos que se ven implicados. No pretende ser una evaluación exacta, sino un punto de reflexión.

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En los tiempos convulsos que corren, la información sobre cómo está funcionando nuestra empresa se hace más necesaria que en momentos más tranquilos. Las compañías deben intentar sacarle el máximo provecho a las cuantiosas inversiones que se realizaron en sistemas de información en tiempos de bonanza económica.

Pero la cantidad nunca ha sido sinónimo de calidad. Y separar el grano de la paja, tener la información relevante para la gestión del negocio, requiere un esfuerzo adicional.

Ahí es donde aparecen las herramientas cuyo objetivo es la mejor explotación de la información: “Destilar” de enormes tanques de información la “esencia” de la información relevante; diferenciar lo importante de lo accesorio.

Y es ahí donde aparecen distintas aproximaciones. Y donde una de las herramientas más habituales es el EXCEL, el segundo mejor invento tecnológico del siglo XX (el primero fue el PC). Es frecuente ver, en la publicidad  que viaja por la red, propuestas de cursos, seminarios, sesiones de trabajo, talleres, encuentros y todo lo que se nos pueda ocurrir sobre cómo mejorar la gestión de nuestra información con  Excel. Recuerdo que un colega llamaba a esto la obtención de información “por tracción sanguínea”. Hojas y hojas donde se transcriben datos, con fórmulas y links diabólicos, que son mejoradas continuamente. Un esfuerzo meritorio. Práctico, flexible, de teórico fácil manejo.

Pero pensemos por un momento ¿Cuántas personas conocen la estructura de ese conglomerado de hojas y links? ¿Qué ocurriría si alguien, involuntariamente, cambiara un dato en una de las N hojas linkadas? ¿Qué ocurre si alguien introduce en una de las hojas una línea más, por ejemplo, una nueva línea de producto? ¿Cómo aseguramos que toda la información introducida está alineada en el tiempo, y que todos los datos responden al mismo momento de referencia o de cierre? ¿Qué ocurre si, quien ha creado las hojas, está enfermo o deja la compañía? La flexibilidad tiene un punto débil, y es que dificulta la definición de un modelo de empresa, de una modelización que, dentro de su relativa inflexibilidad, pueda ser definida, descrita (y escrita), estructurada y controlada en su evolución.

Y quien supera la etapa del Excel, llega a los sistemas de Business Intelligence (BI). Teóricamente se les considera sistemas más caros (hay que comprar licencias de software en el mercado) y más inflexibles. Pero ahí radica uno de sus puntos fuertes. Los BI obligan a una modelización del negocio. Y lo hacen desde su punto inicial, cuando debe definirse la metadata (todos los datos necesarios a explotar), y deben identificarse las métricas a analizar y las dimensiones a utilizar. Los primeros trabajos, antes de obtener una sola información, va a ser definir cada uno de los conceptos, la fuente de información y el momento de obtención. Con ello se obtendrá una información coherente, en concepto y tiempo, para toda la organización.

El concepto BI lo forman dos palabras: Business, se debe conocer la empresa para saber cuáles son la fuentes, los datos disponibles y las necesidades, e Intelligence, que tiene dos acepciones, información e inteligencia.

Muchas compañías han abordado el uso de los BI desde la vertiente de información. Es habitual oír comentarios acerca de que “la compañía, para agilizar la obtención de listados, ha instalado un BI”. Es sin duda es una buena opción. A partir de unos datos (métricas) coherentes en tiempo y concepto, los usuarios tiene una gran facilidad para obtener la información que desean, con las dimensiones que quieran, y en el formato que consideren más idóneo. Además, tienen facilidad de exportación (como no, a Excel) para reporting u otras necesidades.

Pero la explotación de la información pasada, ya sea vía Excel, ya sea con un BI, es como usar un GPS: simplemente te dicen dónde estás. Es muy importante, pero solo eso: donde estoy.

Y como dice el viejo proverbio: “Es difícil llegar cuando no se sabe donde se va”. Y donde ”se va” son los objetivos de la empresa . Y ahí es donde Intelligence se traduce como Inteligencia.

Hablábamos en otras entradas de información relevante y selectiva. Es ahí donde los BI muestran su real capacidad de ayudar en la toma de decisiones del negocio, cuando los utilizamos para saber no solo qué está pasando, sino también qué objetivos de la empresa se han cumplido, cuales se han desviado y en cuanto. Esos objetivos se concretan en unos elementos que son los KPI (Key Performances Indicators) o ICG (Indicadores Clave de Gestión). Y en este punto la necesidad de inteligencia es evidente.

Los KPI son un concepto muy anterior a Kaplan y su BSC. Su mérito es sin duda haber enfocado su definición desde una óptica global de negocio. Pero junto a los KPI globales, de Dirección General, están los de cada uno de los departamentos de la compañía. Es la visión clara de la pirámide de la información en la empresa, que nos permite ir desde una visión global hasta el origen detallado de la información, desde la identificación del objetivo no cumplido (a nivel general de Grupo o compañía, hasta el nivel departamental) hasta la información sobre las razones del incumplimiento. Y todo para poder tomar cuanto antes medidas correctivas.

Para centrar el tema, volveremos en próximas entradas a analizar KPI de diferentes departamentos. ¿Y por qué no hablaremos de los de Dirección General? Porque ésos son diferentes en cada compañía, y cada una debe identificar cuáles son sus claves de negocio y sus capacidades más relevantes. De hecho, solo con saber cuáles son los KPI de una empresa podemos identificar cómo esa empresa aborda el mercado y cuál es su filosofía de negocio para asegurar el éxito FUTURO.

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Vamos a seguir con las otras tres características que le exigimos a la información.

El cuarto requisito de la información es que sea INTEGRADA. Las distintas áreas de la compañía no son elementos aislados entre sí, sino que conforman un conjunto de procesos interdepartamentales, entre los cuales la información debe fluir de manera ágil. Los ERP y los distintos sistemas de información tienen como uno de sus objetivos fundamentales asegurar esa integración. Sólo con esa integración se asegura que cuando los departamentos están consultando una información (por ejemplo producción y  almacenes) tengan la misma visión y tomen decisiones coherentes.

El uso extensivo de herramientas como las hojas de cálculo puede ser útil para que un departamento analice una información para su uso exclusivo. Pero esa información sólo será departamental, no corporativa. No podrá ser compartida con otras áreas, porque puede haber sido “tratada” por esa área de gestión, y no ser coherente en definición o en puntualidad con las que manejan otras áreas. El uso de información no integrada puede derivar en una falta de veracidad y/o fiabilidad.

La quinta característica de la información es que deber ser RELEVANTE. Las compañías, tras realizar fuertes inversiones en sistemas, disponen de gran cantidad de información. Pero CANTIDAD no es sinónimo de CALIDAD. Y a veces los árboles no nos dejan ver el bosque.

¿De qué sirve un listado de 200 páginas con la deuda de clientes, por muy fiable y puntual que sea? ¿Cuál es la información relevante que se esconde? Pues seguramente sólo la que afecta a clientes en atraso o en los que están superando su límite de crédito. Leer 100 páginas para encontrar la primera incidencia es tener cantidad de información pero no información de calidad.

Llegamos así a la necesidad de definir cuál es la información efectivamente importante para la gestión de la compañía o de un área de gestión específica. Y de ahí llegamos al concepto de los Indicadores Clave de Gestión (o KPI: Key Performance Indicator). Y  definir cuáles son esos KPI supone labor de management, que exige un verdadero esfuerzo de calidad de gestión. Los KPI acaban conformando una pirámide de gestión de la información en la compañía, con cuya sola identificación se puede conocer la filosofía de gestión de la compañía. Y hablamos de pirámide porque, a partir de ese indicador clave, deberemos poder profundizar hasta llegar si se considera necesario, al detalle mínimo que genera ese indicador. ¿Queremos llamarlo Balance Score Card? ¿Queremos llamarlo Data Mining?) ¿Queremos llamarlo Business Analytics? El nombre importa poco. El trabajo “arduo”, el verdadero management, está en definir esos KPI.

Quizás para la Dirección General solo sean 10 o 15 (Por ejemplo: 4 de comercial, 4 de producción, 2 de Marketing, 2 de personal y 3 de finanzas).

Pero para la Dirección de Producción puede haber otros 15, que “exploten” a partir de las 4 acordadas con Dirección General. Y el Responsable de almacenes tiene otras 10 o 15 que profundizan en una parte de las que ha definido la Dirección de Producción. No hay duda de que si hablamos de Business Intelligence, ésta en la parte de Intelligence.

Y la sexta característica es la SELECTIVIDAD. Hemos definido como quinta característica la relevancia, pero la información debe servirnos para la toma de decisiones. Y esto debe hacerse cuando las cosas no están yendo como se esperaba.  Decidir por decidir es solo querer aparentar actividad. ¿Y cuándo las cosas no están funcionando como se esperaba? Cuando los Indicadores de Gestión están por debajo de los objetivos determinados. Sí, hemos dicho OBJETIVOS.

Volvamos a nuestro listado de 200 páginas con toda la deuda de clientes (o el informe volcado a Excel con 29.000 líneas, como he visto alguna vez). Si hemos definido como información relevante las situaciones de atraso de clientes, quizás ese listado se quede en 10 páginas (o 400 líneas). Pero si además fijamos el objetivo de gestión, y consideramos relevantes solo los atrasos superiores a N días (y aquí entra la fijación de objetivos o de relevancia), puede que nos quedemos con pocas líneas que son las que efectivamente nos exigen actuación inmediata o tomar una decisión (cortar suministro, retener pedido,…)

¿Cuál esa cifra N? Pues quizás 4 días ¿Por qué esa cifra? Porque consideramos que en nuestro mercado y con nuestro tipo de clientes esa cifra es suficiente para iniciar una acción proactiva por nuestra parte. Porque ese es nuestro modelo de gestión, lo que implica haberlo definido antes.

Puede ser que el resultado sea mínimo: 10-12 líneas. Ya sabemos donde centrar la actuación. Tenemos una información que de verdad nos da valor añadido.

El otro día comentaba con un cliente que para una cierta familia de productos, en un área geográfica de España, su objetivo era que las ventas no bajaran más del 7% sobre el año anterior. Lo anterior es correcto: Bajar en ventas menos de un 7%  sería cumplir los objetivos. Por lo tanto, él solo quiere información RELEVANTE (Como van las ventas) y SELECTIVA (Que le informen si están por debajo del objetivo).Decirle que todo va bien es muy agradable. Pero ¿Para qué le sirve esa información? ¿Qué decisión podría tomar?  Ninguna, por lo tanto es información inútil y por lo tanto ruido.

Por tanto y haciendo un breve resumen, vemos que:

  1. Un buen trabajo de definición de la información y de los datos necesarios para su elaboración nos permitirán asegurar la VERACIDAD y la FIABILIDAD.
  2. Unos sistemas de información (ERP) bien seleccionados, alineados con las necesidades de información de la compañía y bien implementados, nos ayudarán en la PUNTUALIDAD e INTEGRACIÓN de la información.
  3. Unas herramientas de BI (o BA) nos van a exigir definir qué conceptos de información son RELEVANTES y unos objetivos que nos marquen cuándo la información sobre esos conceptos exige la toma de decisiones, es decir queremos una información SELECTIVA.

Luego, y solo al final, hablaremos de los códigos semafóricos, los gráficos más o menos atractivos, y de los múltiples “gadgets” que este tipo de sistemas incorporan. Lamentablemente a veces se confunde lo “atractivo”  (colores y dibujos) con lo importante (definición de conceptos, jerarquía de la información, capacidad de drill-down, estructura de metadato…)

Y ahora, mire la información que tiene a su disposición con una visión crítica. Y separe el grano de la paja. La información del ruido. Lo que ayuda a decidir y lo que no. Y luego jerarquice: Primero lo importante y luego lo accesorio.

Los requisitos de la información (I)

Hace unos días comentaba con un cliente el avance del proyecto de Business Intelligence (BI) que estábamos desarrollando, y las tareas que habíamos tenido que realizar hasta llegar a la situación, muy satisfactoria, en que nos encontrábamos.

Hablar de BI es hablar de información. Uno de los problemas que se deben abordar cuando se inicia un proyecto de BI (o de BA: Business Analytics, porque el marketing de la consultoría obliga de vez en cuando a cambiar los nombres y un poco el producto para que parezca que hay un cambio radical) no es solo definir cuál es el resultado final esperado, la consulta o el listado, sino que exige un duro trabajo previo de análisis de la información.

Muchos proyectos de BI acaban en fracaso, o el resultado final queda muy lejos de la expectativa inicial del cliente ¿Y por qué? Quizás aquí valdría la frase del clásico: “Es difícil llegar cuando no se sabe donde se va”.

Debemos tener claro que un proyecto de este tipo lo que pretende es convertir las grandes cantidades de datos que las compañías acumulan, tras fuertes inversiones en sistemas informáticas, en INFORMACIÓN. El dato es solo la materia prima. El producto acabado, con valor añadido, es la información. De hecho, los departamentos de informática han pasado de ser  “Departamento de Proceso de Datos “ a ser  “Departamento de Sistemas de Información” y a ser dirigidos por un CIO (Chief Information Office).

La única información que debe ser considerada como tal es la que permite tomar decisiones. Lo demás parece información, pero es solo “ruido”. Y la información para ser efectivamente útil ha de cumplir una serie de requisitos, de tal forma que, si no los cumple, pasa a ser “ruido”.

Podemos definir 6 características básicas que ha de tener la información pata tener valor añadido: La primera característica es que la información debe ser VERAZ. Esto implica dos ideas:

  1. Debe reflejar efectivamente la realidad de la compañía. Los datos de ventas, costes operativos, etc. No deben incorporar errores involuntarios, y mucho menos errores voluntarios. Esto  sería la dualidad veracidad = exactitud.
  2. Y tan relevante como la anterior es tener clara la definición del concepto a que nos referimos. Es decir, necesitamos definir  “que es la verdad”. ¿De qué hablamos cuando decimos “Ventas”? ¿De las unidades entregadas? ¿De las unidades entregadas pero excluyendo las libres de cargo? ¿ De la unidades entregadas deducidas las devoluciones o roturas?

Uno de nuestro clientes, del sector de productos de consumo, cuando habla de Ventas, se refiere en detalle a Ventas 1 / Ventas 2, que excluye determinados conceptos / Ventas 3, o ventas netas, que excluye muchos más conceptos. Cada uno de estos niveles es usado por un área de la empresa. Todos son ventas, pero hemos de tener claro, muy claro, de qué hablamos. Y quien habla de ventas habla de la definición detallada y concreta de cada uno de los conceptos que vamos a utilizar para tomar decisiones. ¿Cuánto tiempo se pierde en las reuniones cuando Comercial habla de un dato de ventas, que no cuadra con los datos de Marketing, y que a su vez es diferente de los de Administración? ¿O del tiempo de ejecución de una reparación? ¿Desde que se produjo el incidente? ¿Desde que se abrió la orden de trabajo? ¿Desde que se inició la reparación? Y todos los implicados dan datos veraces en sí mismo, pero inútiles porque no permiten tomar una decisión. Son “ruido”. ¿Qué ha fallado? Definir claramente cada concepto: Qué consideramos ventas, cuál es el dato que vamos a considerar como único y definitivo y que puede ser compartido por todos. La VERDAD será ese dato único y que todos aceptan.

Para poder llegar a ese nivel de VERACIDAD, cualquier proyecto de BI, o de gestión de información, ha de comenzar, irremediablemente, con la elaboración de un diccionario exhaustivo de de definición de los conceptos de información que se van a tratar, definición que deberá ser consensuada entre todas las áreas afectadas.

La segunda característica que debe cumplirla información es ser FIABLE. Esta característica hará que sea aceptada, sin crítica o dudas sobre su validez, por todos aquellos que deben utilizarla para decidir. Lógicamente, para ser fiable, debe haber sido aceptada previamente como veraz. Pero además, debe haber sido obtenida a partir de datos que no se ponen en duda. La fiabilidad acelera la aceptación de la información como válida para la toma de decisiones. Alcanzar la fiabilidad exige analizar los datos que se van a usar como origen de información, y los procesos de cálculo que se van a aplicar sobre los datos, como materia prima, para obtener información efectivamente útil.

El tercer requisito es la PUNTUALIDAD. La información es como un producto fresco. En pocos días (y a veces horas) caduca. Y si no es información, es “ruido”, porque no sirve para decidir. Y esto va a exigir saber, para cada concepto, que “caducidad” tienen cada información, que procesos de elaboración hay que definir y que nivel de “refresco” de esa información hemos de plantear.

Tenemos por tanto ya tres características definidas:

  • VERACIDAD = Información CIERTA
  • FIABILIDAD = Información CREÍBLE
  • PUNTUALIDAD = Información ACTUALIZADA

Estas tres características son válidas para cualquier tipo de información de la vida diaria, de particulares o de empresas.

Hoy, cuando las redes sociales nos hacen sufrir una autentica “infoxicación”, a veces el ansia de puntualidad supera a los requisitos de veracidad o fiabilidad de la presunta información (día 14 de Febrero: 14,00: El Gobierno español podría haber falseado los datos de déficit; 19,00: se desmiente formalmente). O la indefinición del concepto (Viviendas desocupadas en España: ¿ Qué es exactamente una vivienda desocupada?) o la fiabilidad de la fuente (las típicas “fuentes bien informadas”).

El próximo día seguiremos con las demás características que le exigimos a la información.

Los requisitos de la información (II)

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