George Clemenceau dijo que “la guerra es algo demasiado importante para dejarla en manos de los militares”. Y parodiándolo, a nivel de empresa, podríamos decir que “los clientes son demasiado importantes para dejarlos en manos de los comerciales” Y así , en algunas compañías se sustituye una “dictadura” por otra, y  aparece algún departamento que quiere apropiarse de “ la joya de la corona”, a veces los financieros (¡qué vamos a explicar en este blog!) , a veces la gente de marketing ( según ellos saben lo que quieren realmente los clientes), a veces los de producción ( según ellos saben lo que necesitan realmente), y hasta los de logística ( porque lo importante es el servicio). Y en realidad acaba pareciendo un jardín de infancia ,donde todos los niños quieren quedarse con el juguete.

Y aunque lo anterior parezca anecdótico, todos sabemos que estas discusiones se dan en las compañías. Por mucho que vayamos a conferencias, cursos y seminarios donde nos digan que la empresa es una unidad de acción, con un futuro único, independientemente de los departamentos, que todos hemos de arrimar al hombre; por mucho que nos lleven a “juegos colectivos” para aumentar el espíritu de equipo, a la vuelta al despacho, con los objetivos a corto encima de la mesa, la idea es clara: “Muy bien, pero el cliente es mío”.

Recientemente, hemos presentado a un cliente una propuesta sobre sistemas CRM. Buscando un gráfico que de alguna manera mostrara las múltiples facetas a gestionar en un cliente, lo que se ha dado en llamar la “visión 360º”, no encontrábamos ninguna que nos satisfaciera con el concepto que queríamos mostrar. Hasta que alguien del equipo dibujó la que hay al pie. Y lógicamente, por la cultura de gestión que tenemos en nuestro Grupo , incluyo un apartado nada habitual : tras las órdenes de venta y las facturas, aparecían las “interacciones”, que volvían a alimentar el ciclo de acción sobre el cliente.

Y ciertamente, cuando se habla de CRM muchas veces se olvida que un cliente no es solo alguien para quien hemos de diseñar y producir un producto (ahí está producción), o alguien a quien hemos de convencer (marketing) y vender ( ventas) un producto o servicio, y a quien le debemos de entregar un producto ( los colegas de logística) y a quien le hemos de facturar (administración) . Normalmente en los CRM no se suele hablar de cobrar esa factura.  Y eso que el ciclo no acaba ahí, porque el ciclo no acaba. Porque hay que analizar si el cliente está satisfecho con el producto, si lo entregamos bien en sus almacenes, si cumple sus expectativas y nos quiere volver a comprar,  y lógicamente, si nos ha pagado. Y este último punto no es el fundamental, ni el básico, ni el más importante. Es uno más, tan fundamental, básico e importante como los otros

El CRM no es una herramienta solo de / para marketing y ventas, como algunas veces se cree. Toda la empresa debe participar en su diseño, y en identificar y aportar la información necesaria.

Porque un diseño necesita un mercado, el producto debe poder producirse a un precio asequible, un mercado debe ser identificado, a ese mercado se debe de acceder en la venta y en la entrega, y de esos clientes se debe de cobrar.

Y si diseñamos un producto al que no le vemos mercado, no seguiremos adelante; y si el mercado posible no es atractivo o no está en línea con la filosofía de la empresa no iremos; y si el mercado identificado tienen una debilidad financiera importante, habrá que repensarse si vender o no, o en su caso, como vender para asegurar que cobraremos.

¿Cuántos departamentos de diseño participan en el desarrollo de los CRM? Cada vez más en las empresas industriales con valor añadido. ¿Y cuántas personas del departamento financiero, y sobre todo de riesgos, son llamadas a colaborar en el CRM? Lamentablemente, pocas veces. Pero cuando son convocadas ¿Cuántas se niegan a colaborar de buena gana, por la premisa de que el tema no va con ellos, porque para ellos el cliente es solo un potencial riesgo ( no una oportunidad de negocio), al que habría que venderle solo al contado , porque somos “un país de morosos” ( según otra versión, “país de chorizos”)

Efectivamente, el cliente es demasiado importante para dejarlo SOLO en manos de los comerciales, porque es de todos. A fin de cuentas, vivimos de él. Y cuanto más sepamos de él, en todo su ciclo de vida, mejor podremos enfocar los esfuerzos de la compañía para identificar al cliente, para dar un mejor servicio (a quien quiera ser cliente, pues si no paga es que no quiere serlo) y podremos llevar el barco hacia adelante.

Con la tormenta que estamos sufriendo y los icebergs que hay en el trayecto, todos hemos de trabajar para que esta vez sí , nuestro Titanic II llegue a Nueva York

Hace unos días, comenzamos en un cliente el proyecto de implantación de un sistema de Business Intelligence (B.I.)

En la conversación con el Comité de Dirección de la empresa, en realidad un grupo familiar de un tamaño considerable, nos dimos cuenta de que había una cierta confusión de ideas sobre lo que una herramienta de este tipo permitía: Disponibilidad inmediata de información, datos en detalle de temas relevantes, la “nube” y el acceso a la información sin limitación geográfica,..Vamos, un “mix pot” de conceptos que suponía un riesgo para el proyecto, dada la “difusa” expectativa del cliente  (o de los clientes) y  por la tanto la alta posibilidad de insatisfacción con el resultado.

Así que aprovechamos que la reunión la presidía el padre, un “capitán  de empresas” de la vieja escuela, que fue el que creó el Grupo que ahora está en pleno relevo generacional, y que en un momento dado dijo: “ A mí las cosas me gustan rápidas y claras : hechos y consecuencias; sota, caballo y rey”. Pensé que la mejor manera de explicarle  el alcance del tema y que expectativa podía tener, era plantearle 6  refranes.

El primero fue “Es difícil llegar cuando no se sabe donde se va”. El BI sirve para poder visualizar en forma rápida la información relevante de la compañía, de forma selectiva y centrándose en la gestión por excepción. Y no solo sirve para decirnos dónde estamos, sino sobre todo para indicarnos la desviación respecto a  donde queríamos estar, para que podamos tomar las medidas necesarias para alcanzar los objetivos planificados.

Esa información se habrá definido a partir de unos KSO (Key Strategic Objectives), que se habrán concretado en unos KPO (Key Performance Objectives) y a su vez, en unos KPI (Key Performance Indicators). Definir esos KSO puede hacerse a nivel global o a nivel departamental. Y según el modelo de análisis que se utilice para definirlos, podrán estructurarse como un BSC (Balance Score Card), cuya visión intenta definir las variables estratégicas de la organización en cada uno de sus niveles para alcanzar su objetivo final : su misión. Y esto vale para una industria, un banco, una empresa de servicios o una ONG. Y claro, para cualquier tamaño de empresa.

O sea, primero saber dónde queremos ir, quizás solo a sobrevivir en el entorno actual hasta que amaine la tormenta, y luego nos planteamos la información necesaria para pilotar la nave.

En segundo lugar, hay que “separar el grano de la paja”. De un trabajo de análisis interno pueden deducirse muchos KSO, KPO y KPI. Pero como en línea de refranes,” lo poco amansa y lo mucho cansa”, hay que centrarse en lo que es efectivamente relevante para la gestión del negocio. Ir más allá de 10 o 12 KPI, de compañía o por área, se ha considerado siempre una cifra excesiva. Por tanto, hay que saber centrarse en lo relevante, apartando del camino conceptos que pueden parecer muy interesantes, pero que poco aportan efectivamente al desarrollo /crecimiento/mantenimiento de la compañía.

Llegados a este punto, ya tenemos una hoja de ruta de qué queremos ir a buscar. Y podemos seguir un camino más claro.

En tercer lugar, aplicar que “el que mucho abarca, poco aprieta”. Si una compañía inicia un proyecto de BI para abordar en primer lugar su gestión estratégica, el ámbito de actuación puede ser TODO. Eso es posible, pero exige una cultura interna de uso de la información y de gestión por objetivos ya aposentada en la compañía.

Pero si no es así, si hablamos de una gran o mediana empresa  sin esa cultura de gestión, se corre el riesgo de que no se vea utilidad en la información obtenida. “Eso ya lo sabíamos””Los resultados no son coherentes””No hacía falta tanto esfuerzo para esto”” Esta información yo ya la tenía con mi Excel”. Hablamos de dos problemas: cultura empresarial y tiempo hasta el resultado. Una cosa es decir que se tiene una cultura de gestión por objetivos, cuando estos son o demasiado difusos o demasiado concretos solo al nivel de departamento. Y por otro lado, abordar un proceso de larga duración, y que exige un esfuerzo notable, sin ver resultados, lleva al desanimo del equipo de trabajo. Es necesaria la “visibilidad” del resultado, la recompensa del esfuerzo.

Por eso, una de las mejores técnicas de implantación es usar el concepto de “mancha de aceite”. Empezar en un área de gestión, implantar y explotar con relativa rapidez el resultado, darle visibilidad en el resto de áreas de la empresa, e ir a por otra. Un proyecto global es ambicioso y “goloso”, a priori. Pero es largo en el tiempo, en el esfuerzo requerido y sobre todo dilatado en la obtención del resultado. Y tanto volumen, acaba atragantándose,  sobre todo cuando en las empresas la visión a corto plazo (el Quarter)  lo que prima es el resultado tangible. Proyectos a 1-2 años  son difícilmente soportables, y siempre el resultado final diverge sensiblemente de la expectativa inicial, con la correspondiente insatisfacción

Ya sabemos qué queremos, y de que área. Y aún no hemos empezado.

En cuarto lugar, nos encontramos con uno de los grandes outputs de un BI: “Llamar al pan y al vino, vino”. Uno de los problemas habituales que encontramos en las empresas es la discusión sobre lo que entra y lo que no entra en un concepto: Qué es venta(los artículos regalados ¿entran o no?); qué es precio (¿la tarifa con descuento y rápeles o sin tenerlos en cuenta?); qué es margen (¿Qué conceptos se deducen?). La discusión sobre lo que un departamento entiende frente a otro es origen de grandes pérdidas de tiempo. Una de las ventajas de los sistemas de BI es que exigen que cada concepto sea definido de una manera clara y determinada. No valen  visiones sesgadas o simples aproximaciones. Porque los sistemas de información son “tan tontos e inocentes” que solo calculan un concepto de una forma. Y ese activo que resulta de la implantación del BI, la definición exhaustiva de qué es cada concepto,  debe ser mantenido y corregido cada vez que sea necesario. Y con la idea de tener siempre una definición aceptada y consensuada por todos los departamentos afectados.

En quinto lugar, ya nos podemos poner en marcha, “A Dios rogando y con el mazo dando”. Tras mucho trabajo que nada tiene que ver con un sistema informático, ya sabemos qué buscamos y solo hay que recuperar la información para explotarla. Pero aún hay que localizarla, identificar las métricas y las dimensiones que se quieren explotar y validar los resultados de la búsqueda y el cálculo. Y al final tendremos lo que buscábamos entre millones de datos: La información de gestión para controlar cómo evoluciona nuestro KSO, KPO o KPI.

Y ya para acabar, en sexto lugar,  no olvidar que “el que adelante no mira, atrás se queda”.  Un sistema de BI está tan vivo y es tan cambiante como lo son los objetivos de una empresa o departamento y sus necesidades de información de gestión. Y una vez puesto en marcha y explotado, la misma organización irá identificando esos cambios y cómo deben de modificarse los indicadores que se buscan.

Al final, logramos que “el viejo capitán” lo viera claro. Y el proyecto se puso en marcha. Conceptos que parecen muy complejos  pero que caben en 6 refranes…no deben ser tan complejos

La última gran revolución cultural ( que no tecnológica ) en el mundo occidental de los últimos 50 años fue la de Mayo de 1968. Desde París a Berkeley, un movimiento estudiantil quiso “quitarle las telarañas” al entorno  socio-cultural vigente desde finales de la II Guerra Mundial. Y una de las pintadas en las paredes de La Sorbona que más ha trascendido en el tiempo era la que da título a este post “  Bajos los adoquines de las calles está la arena de la playa”

¿Y qué nos puede enseñar esa frase desde el punto de vista de gestión empresarial? Pues que muchas veces vamos a buscar fuera de la empresa lo que tenemos bajo nuestros pies.  Que no se aplique normalmente el sentido común , que para eso es el menos común de los sentidos, y se vaya a buscar que otros nos digan que está pasando en nuestra propia casa, cosa que es a veces necesaria, pero otras no. O que el “gregarismo empresarial” nos lleve a aplicar soluciones de gestión no porque creamos que nos son útiles, sino porque “como lo hace todo el mundo, pues habrá que hacerlo” ( y el mundo 2.0 y siguientes son un ejemplo) y emprendamos un largo viaje “en busca del mar”.

Pero de hecho lo que llevó a esta frase fue el plantear como las empresas están utilizando los datos de que disponen. Las inversiones significativas en software que se han hecho en años pasados ahora ya no son posibles. Ni la coyuntura actual ( que ya dura 5 años y es casi estructural) ni las expectativas a corto y medio del mercado son proclives a invertir en estas áreas. Ante una propuesta de inversión en sistemas de información, la pregunta suele ser: ¿Venderemos más?¿Reduciremos costes? Y como la respuesta no siempre puede ser monetarizable de una manera clara, se renuncia a la inversión.

Pero muchas veces no hay que ir a buscar fuera la playa que ya tenemos bajo nuestros pies. No hay que buscar nuevos sistemas que nos den más datos. Quizás el análisis deba ser otro, y tengamos que cambiar la pregunta, como ya hemos  propuesto en otras entradas de este blog: Cambiar la Pregunta  Y el planteamiento deba ser ¿Cómo puedo aprovechar  mejor mis sistemas y la información que hay dentro de mis sistemas?

Las compañías han invertido en software, en muchos casos software estándar. Y en muchos casos se realizaron simples instalaciones, y no implantaciones, y se está aprovechando solo el 50% o el 60% de las posibilidades de los sistemas. (¿Cueces o Enriqueces? … digo ¿Instalas o Implantas?) Muchas veces no se aprovecha el know-how de gestión de negocio que el software lleva incorporado. Cierto que algunas compañías compraron software de una determinada marca porque era “moda” ( si lo tiene la competencia, debe ser bueno) en una nueva versión del “gregarismo empresarial” que antes comentábamos, pero no es momento de lamentarse, sino de mirar hacia adelante.

Debemos evaluar hasta que punto nuestros sistemas de información están correctamente implantados y alineados con nuestra gestión empresarial, ser críticos con el aprovechamiento que estamos teniendo y aprovechar/reimplantar/mejorar las posibilidades que ofrecen. En ocasiones las empresas reciben las ofertas de nuevos módulos de su software, y las incorporan(instalan) sin haber optimizado previamente las prestaciones que ya tienen disponibles.

Y una vez que esa optimización esta adelantada (tenerla completada al 100% es casi imposible), explotar los datos que se tienen con sistemas de gestión del conocimiento, que no es más que convertir los datos en información. Y hablamos de los sistemas de Business Intelligence ( B.I.), cuyo “gran problema” es que exigen aplicar mucho “intelligence” de negocio. No hay duda de que estos sistemas ayudan a rentabilizar, de forma efectiva, la inversión en software de gestión que ha hecho la compañía. Porque son los que convierten los datos en información, de modo que la toma de decisiones pueda ser más razonada y más rápida.

Es cierto que muchos B.I. ,dada su potencia de gestión de información, son utilizados con otros objetivos : desde la mera edición de la información con una visualización más atractiva (gráficos, colores,…) que no es en sí perversa, si facilita la mejor visibilidad de la información relevante ,hasta la deslocalización de la información mediante la gestión “en la nube”. En tanto en cuanto sean objetivos adicionales es bueno, pues maximizan el uso de las posibilidades del sistema. Pero no olvidemos el objetivo final : Facilitar el acceso a la información relevante y selectiva sobre los aspectos más importantes de la gestión de la compañía. Y eso en cada uno de los niveles de decisión, pues no es lo mismo lo que necesita un Director General que el responsable de ventas de una área geográfica, o el  tesorero de la compañía. Y ahí , en la definición de la información necesaria de cada área, es donde se necesita la “intelligence”.

Así que quizás, antes de emprender un arduo viaje para encontrar el mar, debemos buscar si la playa está ya debajo de nuestros pies. Ciertamente, habrá que trabajar para levantar el asfalto ( o la moqueta), pero es casi seguro que está más cerca de lo que imaginamos

Muchas compañías han intentado poner en marcha sistemas de gestión documental y la experiencia o ha sido un fracaso o la explotación definitiva del sistema ha quedado muy lejos de las expectativas iniciales que se planteaban.

¿Por qué se dan esos fracaso? En una primera aproximación, habría que achacarlo a que los sistemas muchas veces se instalan, no se implantan. Este tema ya lo habíamos comentado en otras entradas en este blog, ¿Cueces o Enriqueces?, digo… ¿Instalas o Implantas? y es lógico que lo encontremos aquí. Si no se hace la reingeniería de procesos necesaria, el aprovechamiento final queda muy por debajo de las efectivas posibilidades de estos sistemas ( o de cualquiera)

Pero en este tipo específico de proyecto, podemos definir cinco pasos que permitiría hacer una efectiva implantación y que , si son trabajados con detalle, maximizan la rentabilidad de la inversión

En primer lugar debe definirse dónde y cómo se hará la captura de la información, según los distintos tipos de soporte que tengan los documentos. Y así hablaremos de pedidos o facturas que llegan vía EDI y que tendrán un tratamiento diferente a las que se reciben por correo  diariamente, y que son escaneadas con una visión más tradicional. Es definir el QUÉ-QUIÉN-CUANDO-COMO. Esto ya nos da una idea de cómo podemos hacer crecer el sistema. Porque quizás el primer día decimos que el QUE serán solo contratos (departamento comercial) y escrituras(departamento jurídico). Y algunos meses después decimos que será el correo que se recibe y debe distribuirse a distintas personas (servicio de recepción). Y después hablamos de las facturas de proveedores, algunas de las cuales llegan en papel(servicio de recepción) y otras vía EDI (departamento de IT). Una limitación razonable en la fijación de los sucesivos objetivos reducen el riesgo (y la posible frustración del equipo de trabajo).

En segundo lugar llegamos a uno de los temas fundamentales : la indexación. Es necesario identificar qué departamentos van a necesitar acceder a la información y con qué criterios. Una de las grandes ventajas de la gestión documental es que disponemos de un archivo “multidimensional” . La factura de un cliente por ejemplo, ya no está solo disponible por orden alfabético en un archivo físico , sino que podemos localizarla por nombre, por NIF, por fecha y número de factura,  por número de albarán,…. O una escritura, que puede indexarse por fecha, notario, tipo, sujetos afectados,…Y el problema de la indexación es que si hay un bajo nivel de calidad de indexación, o ésta es inconsistente, a una consulta la respuesta será el silencio (sin respuesta). Y por otro lado, si hay un excesivo nivel de indexación, o se usan masivamente los criterios “saco”, a una consulta la respuesta será el ruido(excesivas respuestas). Un buen análisis, en cada proceso, de los intervinientes y sus necesidades, es una tarea necesaria y muy beneficiosa

En tercer lugar, debe definirse la resolución al tema del almacenamiento de la información. De entrada, la gestión documental nos permite una reducción y deslocalización del espacio físico de archivo, a la vez que una preservación de los originales físicos. La información que tenga un soporte informático tendrá un tratamiento que asegure su accesibilidad e integridad, con los datos con que fue recibida. La que tenga un soporte físico deberá separarse entre aquella que tiene un valor “per se”, como serían escrituras y contratos, y la que tiene valor por la información que incorpora ( una factura o un pedido). Una deberá tener un sistema de custodia más ordenado que otras, que pueden ser tratadas con la idea de archivo caótico que hemos mencionado en otras ocasiones

En cuarto lugar, debe definirse como va a circular esa documentación, como se incardina, si es necesario,  en los work-flows de la compañía, y como se establece la política de autorización de acceso. Hemos de pensar que un archivo físico puede tener un problema de seguridad en su acceso, y de copias incontroladas. En un archivo documental, se puede controlar quien tiene capacidad de acceder y hasta de reproducir una información de la compañía. La inclusión en los work-flows implica conocer el uso que algún departamento va a hacer del documento, la incorporación de información que puede hacer (autorizaciones, notas, comentarios,..) y la secuencia de responsables en el tratamiento de una información, por ejemplo desde que llega una factura hasta que se autoriza para pago. El “mapeo” del circuito de la información es  probable que ponga de relieve tareas sin valor añadido y recurrentes, y por tanto eliminables. Y eso supondrá cambios en los procesos

Y en quinto lugar, y no menos importante, deberemos definir cuál será la forma de presentación. En algunos caso hablaremos de visualización por pantalla, y en otros de impresión física, menos deseable.

En conclusión, implantar un sistema de gestión documental, como cualquier otro tipo de sistemas, exige un trabajo que aunque duro, maximiza la rentabilidad de la inversión. Así que como conclusión podemos definir los 8 pasos , iterativos, de estos proyectos. Y lo decimos con la tranquilidad que nos da el hecho de que, en Grupo CHOICE, en nuestras implantaciones de este tipo de sistemas, nos ha funcionado con éxito.

  1. Identificar necesidades
  2. Identificar proceso de negocio piloto
  3. Identificar criterios de acceso/indexación
  4. Posibilidades de re-definición del proceso
  5. Decisión sobre información histórica del proceso
  6. Implantación. Formación y arranque del nuevo tratamiento del proceso de negocio
  7. Proyección del resultado a otras áreas
  8. Reinicio con nuevo proceso de negocio ( Volver al punto 2)

Nuestra última entrada sobre la optimización en la gestión administrativa, y las referencias a la gestión documental, ha generado una serie de comentarios que querríamos aclarar,.

Para muchas compañías gestión documental es sinónimo de “escanear”. Pero creemos que hay conceptos más relevantes sobre que supone la gestión documental y como deben las compañías enfocarla.

La primera idea que nos aparece es la evolución del concepto “documento”. Si hace años, el documento se asociaba a un testimonio material, es decir a algo físico, hoy ha de considerase documento cualquier formato que soporte información, sea físico, digital o sonoro. Con esto no solo se supera lo que es la mera página de papel, sino que un documento se entiende como un soporte con una estructura interna, y que puede estar relacionado con otros documentos dentro de la organización.

Y este cambio de concepto nos lleva a centrar el foco en la información que soporta, su accesibilidad y la transmisión de esa información. No es solo el viejo objetivo de la “organización sin papeles”, sino el facilitar el acceso a un repositorio único donde la información que soporta ese documento sea accesible, y se pueda integrar con otras informaciones relacionadas. De hecho, si se quiere de verdad una organización “sin papeles”, lo que debe hacerse es eliminar las impresoras y las fotocopiadoras, que son los auténticos generadores de papel no necesario.

Cuando se aborda la utilización de la gestión documental dentro de los procesos de negocio de la compañía, quizás es bueno definir, de una manera exacta, lo que es un proceso. Quizás la definición más completa es la que aparece en la Directriz ESTROFA (Especificaciones para el tratamiento de flujos automatizados):

“Conjunto de tareas ordenadas, bien temporalmente bien cumpliendo condiciones tenidas en reglas, que son realizadas bien por sujetos competentes, bien  de forma automatizada por autorización expresa del sujeto competente. Un proceso puede estar compuesto de uno o varios subprocesos, que a su vez pueden descomponerse en tareas”

Cuando podemos definir e identificar claramente esos procesos y subprocesos, es cuando podemos ver como se establece el flujo de información y aplicar, entonces, la herramienta de soporte a la información.

La falta de definición de esos procesos es lo que nos lleva a identificar  la información solo de una manera estática. ¿y cual es esa información? La que tiene entidad por si misma, y no dentro de un proceso

Podemos ver ejemplos claros: Unas escrituras notariales, unos contratos con clientes o de suministro, unos planos en sus diferentes versiones, una declaración fiscal. Son elementos de información que dan soporte a muchas actividades, pero que no están dentro de un proceso.

Y para esos temas ciertamente es útil la gestión documental, pero es más útil cuando la vemos utilizada dentro de un proceso

En nuestra entrada anterior hablábamos del proceso de facturación y cobro. Hablemos hoy de otro ejemplo: el seguimiento de las incidencias ISO. Estamos ante un proceso, aunque solo sea porque de la definición anterior se deduce que es un conjunto de tareas ordenadas : recoger la incidencia y abrir el pertinente expediente, remitirla a los departamentos afectados, recoger sus evaluaciones y conclusiones en el tiempo establecido, analizar y validar los datos recibidos, proponer la solución y las mejoras a implementar, contestar al creador de la incidencia (interno o externo) y dar por cerrado el expediente, que deberá ser guardado para las auditorías pertinentes.

Este ejemplo de proceso incorpora una gran cantidad de información, que tendrá diversos soportes (físicos en papel, ficheros informáticos de distinta estructura…) que puede generar una gran carga administrativa. Si pensamos en abordar este problema desde un punto de vista de gestión documental, lo que tenemos es un repositorio de información al que pueden acceder todos los implicados, que tengan la autorización correspondiente, añadiendo u obteniendo información, y que en su conclusión recogerá toda la información generada. No hay personas “persiguiendo la información”, hay un equipo de trabajo “aportando información”.

El cambio de visión es radical. Como decía aquel gurú de la gestión, “es un cambio cuántico”. Y efectivamente lo es. No hablamos solo de escanear. Hablamos de tratar la información desde otro punto de vista.

¿Complejo de gestionar e implantar? Si se opta por una visión estática, menos complejo. Si se opta por una visión de proceso, exige un trabajo previo de definición clara de las tareas. Pero el premio, en forma de ahorro de costes en gestión administrativa, lo vale. Nuestras experiencias de éxito en proyectos nos lo confirma.

Pero dejemos para la próxima entrada las claves para abordar una implantación eficaz.

En una entrada anterior nos referíamos al problema de control de los acuerdos comerciales y a los departamentos que podían verse más afectados (ver el control de los acuerdos comerciales con la gran distribución).  Dado que hemos recibido distintos comentarios sobre el mismo, queremos profundizar en donde ,a través de nuestra experiencia, hemos identificado mayores dificultades en esta gestión.

En primer lugar, podemos hablar de su definición. El departamento negociador es el área comercial, quien puede utilizar una terminología, tanto en la negociación como en el reflejo en el contrato, que si bien es clara y concreta para los negociadores, y no deja lugar a dudas, al “traducirla” a datos de gestión y contabilidad, pueden provocar incidencias. Hablar de entregas netas o entregas brutas; de condiciones escalares o acumuladas; de cómputo en entregas libres de cargo; de fecha de pedido, o de entrega, o de albarán o de factura para la aplicación del acuerdo…puede exigir que la relación Comercial-Administración no suponga la simple entrega de un documento, sino un análisis conjunto y pormenorizado de los elementos del acuerdo

En segundo lugar, debemos hablar de la tipología del acuerdo, y de cómo se implementa en la estructura de negocio de la compañía. El cliente establece el acuerdo según su estructura de negocio, que incluye una definición de producto (Gran familia / familia /subfamilia / producto / subproducto / presentación ) que puede no estar alineada con la del vendedor ¿Cómo tratar una presentación “ 3×2” que para el cliente tiene la categoría de producto y para el vendedor no? Y a la vez nos movemos con una jerarquía dentro de la definición del cliente (cadena / subcadena / cliente / NIF o sociedad / punto de entrega ) que puede afectar a la condición pactada (por ejemplo, condición específica temporal solo para los puntos de entrega de la Costa del Sol ). Y por último, el cliente o el proveedor pueden tener estructuras internas que añadan complejidad, por ejemplo “clientes de consumo y clientes industriales” “gran consumo y HORECA” o “producto fresco y refrigerado”. Si las estructuras del vendedor no están alineadas con las del comprador, la gestión del acuerdo será difícil

En tercer lugar, y ya lo comentábamos en nuestra entrada anterior, hay un problema de momento de cierre del acuerdo. Muchos acuerdos están ahora, en el primer trimestre del año, aún en fase de cierre definitivo. Pero sus efectos deberán aplicarse desde el 1 de enero. Y en muchos casos, se sigue trabajando con las plantillas del año anterior, para luego hacer un recálculo retroactivo. Y en momentos “duros”, como los actuales, las diferencias entre uno y otro año pueden ser notables .En muchas compañías, esto solo generará un ajuste, casi tanto alzado, con la intención de generar la mínima desviación con la realidad. Pero la exactitud será la gran sacrificada. Y hablamos de importes muy significativos.

En cuarto lugar, los acuerdos comerciales comportan un mix en la cadena de valor intercambiable entre una y otra parte, lo cual dificulta el proceso de comunicación y de definición. Conceptos como merchandising, publicidad, gestión de la plataforma, devoluciones …pueden ser asumidos por una u otra parte, y además, mezclarse en la cadena producto/cliente (por ejemplo,ciertos servicios solo para determinados productos/clientes)

En quinto lugar, aparecen las presiones que la relación del cliente genera a nivel de marketing. Hablar de marketing por categorías, de gestión a corto plazo, de presión comercial, hace aparecer figuras como los llamados “trades” o “bolsas de fondos”, importes asignados a la cadena comercial para primar/premiar operaciones con clientes en cada momento

En sexto lugar, el impacto del coste derivado de los acuerdos comerciales tiene una doble visión temporal. Tan necesario es tener una visión de pasado, para conocer los costes incurridos y dotar debidamente la cuenta de resultados, como a efectos de provisión de costes futuros. El impacto de los acuerdos comerciales hace que cualquier evaluación de presupuesto futuro de ingresos no sea una simple cálculo “volumen X precio”, porque este “precio” va a verse matizado por los acuerdos que a nivel anual o puntualmente se vayan estableciendo.

Y en séptimo lugar, vemos que uno de los principales objetivos de toda esta actuación es poder fijar el “NET PRICE” o precio neto, la contraprestación neta que obtenemos del cliente y que es el ingreso efectivo que tenemos por unidad vendida. Recuerdo a una gran superficie que, frente a una demanda de un Gobierno autonómico que le acusaba de vender por debajo de coste, recurrió como prueba directa a su proveedor para que este acreditara que, teniendo en cuenta todos los acuerdos comerciales firmados, su precio final de compra , my alejado del precio de tarifa “oficial” era inferior al precio de venta que aplicaba.

Si tenemos en cuenta que hablar de un 22%-25% de diferencia entre el precio de tarifa y el net-price final , o sea el impacto de los acuerdos comerciales, no es una cifra exagerada en estos momentos según nuestra experiencia, no dedicar recursos técnicos y humanos a un correcto control de esta área es, cuando menos, arriesgado. Y si nuestro ERP no llega, porque ha sido desarrollado en un país donde los acuerdos comerciales los genera el vendedor y no el comprador, intentar ajustes , modificaciones y forzar las estructuras no suele ser la mejor solución. Es “una solución”, pero no “la solución”

Para más información: Gestión de Acuerdos Comerciales y Cargos Fuera Factura

Cuando se habla del Credit Manager, suele pensarse solo en las funciones preventivas y correctivas en el proceso de cobro a clientes. Pero como comentábamos en entradas anteriores, una de las funciones del Credit Manager es mejorar la eficacia en esos procesos. Y uno que suele olvidarse es la reducción de la carga administrativa en el seguimiento de los procesos de riesgo y cobro.

Aumentar la productividad es un compromiso de todos los departamentos de la empresa, también de la Administración, y como no del gestor de crédito y riesgo de clientes. Y teniendo en cuenta lo largo del proceso de Cash-in en la empresa, que se inicia con el contrato o pedido y acaba con el cobro, el riesgo de ineficacia es alto. Es un proceso donde se acumula gran cantidad de información, muchas veces en soporte papel , y a la que es necesario acceder desde diferentes departamentos, tanto del puro Credit Manager, como de Administración interna, auditoría o para el cumplimiento de inspecciones fiscales.

Si queremos mejorar la productividad en la gestión de la información, la clave es facilitar la accesibilidad, garantizando además la integridad , como información y como soporte,.

Así, por ejemplo, el contrato firmado con un cliente debe ser fácilmente accesible como información, pero su manipulación no debe implicar el deterioro del documento.

Eliminar el papel debe ser un objetivo prioritario. El papel tiene vario

s problemas asociados. Aparte de su posible deterioro, tiene dos que creemos fundamentales : Su archivo y su correlación con otros documentos relacionados

Tomemos el proceso pedido-albarán -factura-documento de cobro. Este grupo de documentos es fundamental para el Credit Manager, en el caso de que se produzca una incidencia de cobro. Porque si no es así, no será relevante para él. Pero en vez de gestionar la excepción, gestionamos el todo

Los pedidos recibidos en soporte papel son archivados, cada uno en la carpeta de cada cliente. Los albaranes firmados recibidos de los clientes son archivados, uno por uno en su carpeta correspondiente, ligados al pedido que los generó. Y una vez emitida la factura, una copia de la misma es archivada junto con su pedido de origen y  su albarán. Y si hay más de una factura, o hay abonos o similares, vuelta a ir, carpeta por carpeta, agrupando documentos. Si el cliente paga por transferencia, en muchas empresas una copia del  documento de cobro se adjunta al conjunto anterior. En otras compañías, al recibir un confirming, una copia (fotocopia) va al expediente. Y en otras, es una copia del recibo generado o el documento (cheque, pagaré) recibido.

Y una vez que hemos cobrado, todo esos documentos y todo ese trabajo de archivo  NO SIRVE PARA NADA ¿Hemos contado bien las horas que dedicamos, el coste que implica en tiempo y espacio físico y el fruto de toda esa labor?

Pero es que  el papel comporta una tendencia compulsiva al archivo ordenado, ….y a la fotocopia. En aras de proteger los originales del documento, se extrae de un archivo, se fotocopia y se vuelve a archivar en forma ordenada. Y no digamos si la consulta viene de otro departamento.

Cierto es que de eso viven (vivimos ) los consultores. De detectar mejoras en la eficacia administrativa.

Pensemos en una empresa que , para abordar este problema, decide implantar un sistema de gestión documental. Hoy día no suponen una inversión significativa, y su ROI, sólo por el ahorro de horas/persona, es muy elevado. Pero no solo se “compra un software” sino que se cambian algunos procedimientos. Por ejemplo se pasa al concepto de “archivo caótico”. La idea básica , simplificando ,sería que todos los documentos incorporados en el sistema de gestión documental en un día se guardan (“totum revolutum”) en la caja del día . Cada día una caja. Y cada documento entra en el sistema documental con la referencia del día de tratamiento. GESTION POR EXCEPCION. Si se necesita un documento solo hay que ir a su caja. Cierto, deberé buscar entre 100 o 150 documentos revueltos, pero ¿Cuántas horas me he ahorrado de archivar ordenadamente? Efectivamente, algún contrato relevante será tratado en forma menos “democrática”. Pero ¿cuántos serán? ¿1?¿10? ¿Quizás todos? Cada empresa decide.

No pretendemos definir un sistema genérico de gestión documental en el circuito de cash-in, pero podemos hacer una aproximación, que cada empresa debería ajustar a su filosofía/necesidades. Con estas ideas , los pedidos ,si llegan en soporte papel, serían escaneados e incorporados con claves como cliente, y número de pedido o número de contrato, dentro de un fichero donde se acumula toda la información del cliente Y a la caja del día. Los albaranes seguirían el mismo tratamiento, incluyendo a su vez el número de albarán en la clave de acceso y el número de pedido. La copia de la factura para la empresa no hace falta ni imprimirla. Directamente, del sistema de facturación, en pdf u otro sistema que asegure la integridad de la información, al archivo documental. Cuidado en este punto, que hay empresas que dicen “Puedo repetir una facturación cuando quiera” y cuando van a hacerlo, el sistema aplica tarifas o conceptos que no eran los originales. Y es imaginable que se puede hacer con los documentos de cobro (cheque, transferencia, confirming, pagaré, ,…). Lógicamente, los recibos domiciliados ( Normas 19, 34 o 58) que se generan internamente ni se imprimen. Como las facturas, directamente al archivo documental, con sus claves de identificación.

Este esquema asegura la accesibilidad a la información sin tener que desarchivar-fotocopiar-consultar-volver a archivar. Asegura la integridad física del documento, pues no es manipulado. Y solo se accede al documento físico en el caso en que el Credit Manager opte por una acción contenciosa.

Vemos que el Credit Manager tiene mucho que aportar a la hora de incrementar la eficacia en sus procesos. Hay mucho ahorro latente en tareas sin valor añadido. Y si él no lo denuncia y promueve, vendrá alguien de afuera a decirlo.

En Grupo Choice hemos participado en múltiples procesos de implantación de sistemas de Gestión documental. Y desde la experiencia, opinamos.

Hace unos años, en el mundo de la gestión empresarial, todas las medidas empezaban por “re”. Se habla de “re-engineering”, de “re-definition” “re-modelation”. Todo eran conceptos con “re” delante.

Hoy todo lleva una “e” ( leído “ i “ en inglés) para ser atractivo. Se habla de e-marketing, e-commerce, e-learnig. Es el peso de la tecnología en lo que se consideran mejores prácticas actuales. Y muchas veces incluye el concepto  de e-gnorancia

Algunas compañías, y algunos gestores, han visto la tecnología como un nuevo “bálsamo de Fierabrás”, capaz de acabar con todos los males de la compañía. Y otros gestores, que no entienden muy bien qué es lo que puede aportar, también se han subido al carro para que no les tilden de “ignorantes”. Igual que hace unos años. Todo el mundo tenía que hacer un re-engineering, aunque costara un pastón en consultores, porque era lo que se llevaba y no hacerlo penalizaba . (Algún día hablaremos del gregarismo en las prácticas empresariales de gestión)

El desafío que plantea la tecnología tiene dos visiones :

1.- La tecnología sirve para mejorar lo que ya existe. Lo que ya hacemos pero más rápido y  con mayor productividad.

2.- La tecnología podemos utilizarla para innovar, para hacer cosas más novedosas o acceder a información que antes no teníamos y que nos permitan nuevos análisis.

Ambos planteamientos son legítimos e interesantes para la compañía. Pero el punto 1 tiene un exigencia previa: si queremos mejorar lo que existe, hemos de estar seguros que “lo que existe”, lo que hacemos, nuestros procesos y procedimientos, son óptimos, porque añadir tecnología a un proceso que no funciona, o que tiene errores, no solo no lo mejora, sino que lo empeora.

Decía Peter Drucker :” No hay nada más inútil que hacer perfectamente aquello que no debería ser hecho”. Y eso es lo que nos encontramos en muchas compañías con el “e”. Procesos ineficaces, que ahora están “en la nube”.

Y es que Internet y las nuevas autopistas de comunicación proponer herramientas para hacer las cosas de manera distinta, y no para seguir haciendo lo mismo con otro entorno tecnológico. Se puede hacer, pero la frustración y la irrentabilidad de la inversión se tendrán a la vuelta de la esquina.

Y quizás es que no hay que ir del “re” al “e”, sino que el planteamiento es “¿Qué “re” puedo hacer teniendo estas herramientas “e”? ¿Qué podría llegar a tener y qué hoy no tengo mediante esta tecnología?

El estallido de la burbuja “.com” puso de manifiesto muchas cosas, que parece que se han olvidado. Cualquier compañía consideraba que tenía que estar en Internet ( una tecnología en esos momentos en  sus inicios) porque si no se estaba atrasado. Muchos directivos no sabían para que servía, pero había que estar. Pusieron la “e” delante del “re”. Hoy volvemos al mismo punto. Hay que estar en el mundo 2.0, hay que “estar en la nube”, hay que dotar de comunicación a toda nuestra red comercial, … pero seguimos haciendo las cosas como antes.

Hace unos días estaba en el aeropuerto esperando una salida. A mi lado, un comercial con ipad, iphone y todos los i que se quieran, llamaba por teléfono a su oficina para preguntar: ¡¡las ventas de un cliente!!!. Alguien había pensado en la autopista de comunicación, pero no en lo que iba a transportar. Ese comercial podía ver todos sus correos y los periódicos del día, pero no podía ver información de gestión. El gasto en comunicación se quedaba en eso, gasto, y no en inversión en comunicación. Porque de la inversión se espera una rentabilidad, una mejora, y del gasto se espera solo que pase.

La tecnología aporta poco si solo se usa de medio de comunicación y socialización. Hay que reforzar también los procesos de gestión y decisión para llenarla de contenido efectivo. No se trata de hacer las mismas cosas con otra herramienta, se trata de ver cómo podemos hacer las cosas de otra manera.

Hace unos días comentábamos la diferencia entre instalar e implantar un software, y nos referíamos a cómo aprovechar el know-how que nos pueda aportar para mejorar nuestros procesos. Ahora hablamos de comunicación. No es solo tener internet, tener un tablet y comunicar más rápido cosas que muchas veces no tienen ni prisa ni importancia. ¿Qué posibilidades nos da de mejorar nuestra gestión, haciendo que la ubicación física quede superada?

Y siempre podemos llevar estas ideas al mundo real, para verlas más claras. O al menos los que vivimos más cercanos al mundo de la tecnología lo vemos un poco , solo un poco , más claro.

Un ejemplo de uno de nuestros clientes: la posición financiera real es accesible vía internet. El director financiero, esté donde esté, puede verla, analizarla , decidir los traspasos entre cuentas que crea idóneos y ejecutarlos. Y ese “esté donde esté” puede ser Milán, Londres, Praga o Bogotá. Eso ha implicado un nuevo proceso de elaboración de las posiciones, un nuevo proceso de publicación y de herramientas bancarias para ganaren eficacia.

O sea, que volvemos al “re” con un cajón de herramientas con más elementos. De nosotros depende que sean “cacharros” o herramientas útiles”. Porque son solo eso, herramientas, no soluciones.

 

Lecturas Relacionadas

Cueces o Enriqueces… digo instalación o implantación

Cambiar la pregunta

El riesgo de cambio en una empresa puede tener tres naturalezas :

1.-  El riesgo de cambio comercial, que es el derivado de la diferencia de precio de la divisa entre el momento de la venta (cotización en factura) y en el momento del cobro (cotización aplicada por la entidad financiera).

2.- El riesgo de conversión de balances, que se da cuando una compañía ha de incorporar en sus estados financieros los de una filial o participada cuyos balances están en otra divisa.

3.- El riesgo estratégico, derivado del impacto que los cambios de cotización pueden tener en las estrategias comerciales o de producción  de la compañía, directa o indirectamente ( p.ej : utilizo fibras artificiales como materia prima, derivado del petróleo que cotiza en dólares USA; … ).

El tema es complejo, pero vamos a centrarnos hoy en el que afecta más directamente ( y con más generalidad)  al área de tesorería : el riesgo de cambio comercial.

Constantemente, los análisis económicos nos confirman que una de las razones de que la caída de la economía española no esté siendo más dramática es  la exportación. Las empresas españolas han ido a buscar en los mercados exteriores los clientes que no encuentran en España. Nuestra pertenencia a la Unión Europea nos ha eliminado una gran traba en el comercio internacional: el riesgo de cambio derivado de la existencia de diferentes divisas. Pero una gran parte de la economía mundial, y por lo tanto de los mercados de destino de las exportaciones, y no digamos de las importaciones, se encuentra fijado en monedas susceptibles de oscilación en su cotización, como el dólar estadounidense, la libra inglesa o el yen japonés. Y alineado con el dólar está el reminbi chino. Ahora muchas empresas españolas fijamos nuestro objetivo de mercado en Sudamérica. Y la moneda de referencia será el dólar USA.

Hablamos de riesgo porque hay incertidumbre. Y ese riesgo puede sernos favorable o desfavorable.

Si el 23/7/12 hicimos una factura de 10.000 USD y se contabilizó al cambio del día (1,21227 USD/€ ( es decir, 8.249,99 €), al cobrarla a su vencimiento, que podía ser el día 10/10/12, con el USD cotizando a 1,2855 USD/€, el abono en nuestras cuentas sería de 7.779,07 €, y por lo tanto la pérdida de cambio sería de 469,92 €. Sabemos muy bien en qué cuenta contable lo hemos de imputar: las diferencias de cambio positivas irán a la cuenta 768 y las negativas a la 668. Pero desde el punto de vista de control de gestión ¿Qué departamento debe asumir la pérdida?¿Es un mayor coste comercial, y por lo tanto la venta ha tenido un margen inferior? ¿O es un coste que debe asumir el departamento financiero, y debe evaluarse como un mayor coste financiero de la compañía? En el caso de una pérdida de cambio , muchos dirán que es claramente un coste financiero, pero ¿si se tratara de un beneficio? ¿Cuántos querrían apuntarse el tanto?

Lógicamente, no es lo mismo la problemática de una compañía que realiza una operación de exportación esporádica, a la que lo tiene como operativa habitual. O de compañías que pueden permitirse el fijar sus precios de tarifa referenciándolos al €, e ir ajustando su tarifa según evolucione el euro en cada momento. En estos casos, el riesgo de negocio queda  efectivamente bastante atenuado. Pero en cuanto se trate de un riesgo relevante y significativo se debe gestionar, y  por lo tanto se debería definir una política de gestión de ese riesgo.

Esa política puede ir desde “no hacer nada” , que no deja de ser una política de gestión, a intentar eliminar todos los riesgos en origen, a ir a una gestión activa del riesgo en divisas.

Intentar eliminar todos los riesgos puede hacerse asegurando todo el riesgo en divisas que se genere, mediante contratos de seguro de cambio. Al “cerrar” el cambio del futuro cobro, ya no hay incertidumbre, y por lo tanto no hay riesgo. Pero eso puede suponer que aún se genere una pérdida o beneficio de cambio por la diferencia entre el cambio a que se contabilizó la factura y el cambio asegurado. Y volvemos al punto de quién debe soportar este coste a nivel de control de gestión interno. Normalmente se considera un coste financiero, pero este departamento entonces soportaría un coste “por no hacer nada”, y la lógica puede llevarnos a pensar que es el departamento comercial, accediendo a determinados mercados y operando en determinadas divisas quien es el origen del coste/beneficio y es a quien se debe de imputar esa diferencia.

Si una compañía quiere llevar una gestión activa de su política de riesgos de cambio, deberá buscar un doble objetivo:

1.- Aplicar una política de riesgos que posibilite el cumplimiento de los objetivos de cambio de divisas y, por conversión, los objetivos de ventas/costes fijados en el presupuesto operativo, hecho en moneda nacional.

2.- Actuar con las herramientas que se autoricen para maximizar/minimizar los beneficios/pérdidas de cambio.

El presupuesto de gestión va a establecer la cuenta de resultados provisional, que incluirá las ventas/compras (e incluso las financiaciones) a realizar en divisas. La rentabilidad de las operaciones exigirá unos objetivos a alcanzar en los tipos de cambio. Podríamos , por ejemplo, definir que los cobros de nuestras ventas en USD deben mantenerse en una banda de cotización de 1,20-1,25 USD/€, pues teniendo en cuenta las tarifas que hemos ofrecido a nuestros clientes, si la cotización efectiva cae hasta 1,35 USD/€ la rentabilidad se vería sensiblemente afectada. Pensemos por ejemplo en un exportador de vinos español a USA. La tarifa no es actualizable en cada momento. Y el riesgo de alza o baja debe cubrirse, al ser relevante y significativo.

Una vez definido ese objetivo, ya podemos definir quién lo gestionará, qué herramientas de cobertura se autorizarán y por tanto quien deberá soportar en su performance.

Y hecha esta definición, queda claro que las diferencias de cambio, positivas o negativas, que se generen, quedarán dentro del ámbito de responsabilidad, y serán un coste /beneficio imputable al departamento financiero. Los departamentos operativos ( ventas/ compras) trabajaran con unos cambios predefinidos, ajustados al presupuesto, y será objetivo del departamento financiero el tomar las medidas para que los cambios definitivos obtenidos maximicen el beneficio/ minimicen la pérdida/ se mantengan en una banda ajustada a los presupuestos de la compañía.

Está claro que hablamos de tratamiento de la información a nivel de control de gestión interna. Según los informes del PGC, las diferencias de cambio están por debajo del EBIDTA, y muchas empresas no saben cómo reflejar el efectivo impacto de los cambios en sus costes operativos, pues las acciones de cobertura que se tomen quedarán por debajo del EBIDTA. Pero a nivel interno, nuestro control no debe sujetarse a limitaciones formales. Las operaciones deben evaluarse a unos cambios predefinidos. Y el resultado de la gestión de riesgo que hacemos para controlarlo, en los gastos financieros.

Sistemas de información para gestionarlo hay. Solo es cuestión de tener claro qué se quiere gestionar.

Las tecnologías de la información y la integración de sistemas permiten a las organizaciones optimizar su estructura, aligerando costes . Y departamentos que parecían fundamentales quedan reducidos a una mínima expresión, cuando no eliminados. Uno de esos ejemplos sería el departamento de proveedores.

De ser uno de los departamentos relevantes en las compañías, que tenía hasta su propio sistema departamental, integrado con el resto de administración (lo que en la notación sajona era el sistema de Accounts Payable), hoy prácticamente no existe. Queda la información, que es lo relevante, pero ésta no exige recursos humanos con una especial dedicación.

¿Y por qué desaparece? Porque al analizar su valor añadido se ve que sus funciones pueden quedar cubiertas por otras áreas.

Si a la recepción de una factura está es dirigida al departamento conformador y este departamento da su aprobación ( con base en un pedido previo, o según el procedimiento, por las atribuciones concedidas al conformador) la factura puede pasar a Contabilidad, directamente, y reflejarse en los sistemas de información. Aunque sea en un subsistema de proveedores. Pero no hace falta un departamento específico de proveedores.

Algunas compañías de gran tamaño mantienen un departamento al que llaman SAP (no son las iniciales de un  sistema, sino el Servicio de Atención a Proveedores). Es normalmente un servicio con no más de una persona, y normalmente no a jornada completa, que atienden las llamadas de los proveedores referidas a estado de la facturas (recibida, conformada, contabilizada)o de los medios de pago (pagaré emitido, fecha de pago prevista,…)

Pero si aplicamos una lógica similar podríamos plantearnos: ¿Y cuál es el valor añadido del Departamento de Clientes?

Si tras el proceso de facturación, la deuda del cliente se actualiza en el subsistema de Clientes (o Account Receivables), y un Credit Manager controla los riesgos. ¿Qué hace el departamento de Clientes? ¿Generar la cartera? Lo pueden hacer los sistemas automáticamente. ¿Asignar las transferencias o los cheques recibidos a las facturas pendientes de cobro? Es una tarea administrativa, perfectamente asumible en una “macro contabilidad”. ¿Qué valor añade ese departamento específico?

Lo cierto es que cuando pensamos en el Departamento de Clientes, pensamos en recobro, porque las otras tareas son puramente administrativas. Y por eso, el encaje del Credit Manager es más difícil cuando esa estructura está en la organización.

Podemos pensar en una estructura más simple con funciones más claras y sólo con tres departamentos administrativos. Todos ellos de gestión.

  • -La contabilidad, que se ocupa del correcto reflejo de la situación patrimonial de la compañía.
  • -Cash Manager: se ocupa del cobro de clientes, pago a proveedores y gestión de la liquidez, más otros riesgos conexos
  • -Credit Manager: Supervisa el riesgo del cliente y coordina las acciones de recobro.

Cada área con un objetivo de gestión definido, un valor añadido claro y con los sistemas de información necesarios para soportarlos. Las mismas funciones, pero con otra visión.

© 2012 Blog Grupo Choice. Powered by Cink.