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¡Es un sistema de reparto!

Hoy queremos hablar de planificación personal y de pensiones. Y de ahí el título.

Cada vez nos gustan más las traducciones directas de expresiones americanas, y así hemos incorporado al léxico habitual conceptos como “línea roja”, “hoja de ruta”,” tolerancia cero”. Y eso con el riesgo de traducciones confusas a priori, como en el caso de “competence” por “competencias”, olvidando que en español “competencia” tiene dos sentidos, en el plano mercantil y en el personal, y en inglés hay dos palabras: competitor y competence. Pues siguiendo esa línea, quizás el título de esta entrada debería ser “Es un sistema de reparto, estúpido”, para imitar el lema de Bill Clinton en su primera campaña presidencial. “It´s the economy, stupid”.

Porque nadie parece haber dejado claro a nivel del ciudadano de la calle que en  el actual sistema de pensiones de jubilación, lo que la población empleada está cotizando hoy es para pagar a los pensionistas de hoy. Si se recogen muchos fondos de cotizaciones y sobra dinero, se mete el excedente en la “hucha de las pensiones”. Como la hormiga, guardamos en los momentos buenos para que, cuando llegue el invierno (la crisis) y haya menos gente cotizando, y/ o más pensionistas, podamos seguir pagando a los pensionistas. Todo se basa en un gran “principio de solidaridad”. porque es un sistema de reparto.

Y de aquí podemos sacar la fórmula mágica

Número de cotizantes (trabajadores y autónomos) x importe cotizado por persona

ha de ser igual a

Número de pensionistas x importe de la pensión por persona

Y si sobra, a la hucha, y si falta, a tirar de ella hasta que se acabe.

Pero analicemos los cuatro factores

1.- Número de cotizantes. Supone unos puestos de trabajo, y que han de ser “blancos”, declarados. Por lo tanto, si no se crean puestos de trabajo, este factor se bloquea. Y para eso es indiferente que el trabajador sea nacional o inmigrante. Y por otro lado, pensemos que cualquier empresario que contrata personal “en negro”, o cualquier persona que trabaja sin cotizar, resta de este factor. Y por lo tanto está atentando contra el principio de solidaridad que es la base del sistema

2.- Importe cotizado. Lógicamente, una de las maneras de aumentar los ingresos es subir las cotizaciones. Pero eso supone por un lado menos sueldo líquido para el trabajador, y más coste para la empresa. Algunos lo arreglan rápido diciendo “Pues que ganen menos” (la ignorancia es muy atrevida). Pues  vale, siempre que eso no la lleve a la incapacidad financiera o a las pérdidas, al cierre, y por tanto a despedir al personal (y volvemos al punto 1 anterior). Y este punto también han de meditarlo esos autónomos que cotizan al mínimo, a la vez que hacen cálculos sobre cuánto será lo que percibirán como mínimo garantizado, quizás los mismo que alguien que en su vida laboral cotizó mucho más.

3.- Número de pensionistas. El aumento de la esperanza de vida lleva esta cifra a niveles crecientes, fácilmente previsibles en cualquier estudio demográfico de los próximos 25-30 años. Y aquí queda poco margen, salvo atrasar la edad de jubilación, es decir, el momento en que se tiene el derecho a percibir una pensión. Retrasar la edad de jubilación de 65 a 67 años es “una tirita” en una herida importante

4.-Importe de la pensión a percibir. Aquí hay dos noticias, una buena y una mala. La buena es que como siempre habrá quien aporte, muchos o pocos, siempre habrá dinero a repartir, mucho o poco pero habrá. La mala es que lo que se cobre dependerá del número de pensionistas entre los que se tenga que repartir. Y ese número es creciente. Por lo tanto solo queda reducir/congelar el importe de las pensiones. Y además, si se quieren asegurar cifras razonables, se deberá estrechar cada vez más el rango entre máximos y mínimos.

Como vemos, de estas 4 variables, 3 se pueden gestionar por el BOE: cotizaciones a pagar, edad de jubilación y prestaciones a cobrar. La cuarta, el número de cotizantes o puestos de trabajo, está en manos de los empresarios, que son los que crean puestos de trabajo, salvo que se decida “invertir” en trabajo público, que es otro tema de rentabilidad, cuanto menos, dudosa. Y, por cierto, la relación “número de cotizantes/número de pensionistas”, ha pasado de 2,7 antes de la crisis a 2,0 en la actualidad. Unos disminuyen (por la crisis) y otros aumentan (inexorablemente, porque el tiempo pasa con crisis y sin crisis).

Por lo tanto, debe quedar claro que quien cotiza hoy se gana el derecho a una pensión, pero nadie puede asegurarle de cuánto será. Dependerá del número de cotizantes en ese momento,  de cuánto coticen y de cuántos pensionistas haya. De hecho, las estimaciones más recientes dicen que con una inflación media del 2% – 2,5% durante los próximos 30 años, los trabajadores que hoy tienen entre 30 y 35 años cobrarán una pensión equivalente a 1.000 € actuales (2.560 € actuales  de máximo, congelados, con la pérdida de la inflación). ¡Entonces sí que seremos un país de mileuristas!

Y también hemos de ver que ese derecho a una pensión, no a un importe, no va a ser proporcional a lo cotizado: No quien cotiza más va a tener más pensión, pues los importes máximos están topados (y congelados desde hace años, sin intención de animarse) y cada vez más los mínimos tienden a crecer para asegurar una renta mínima digna.

Ese derecho a la pensión va a materializarse luego en un importe, fruto de unos  cálculos sobre unos conceptos (años de cotización, importes cotizados, edad de jubilación) que se han venido modificando con una relativa facilidad. Tan variables son estos conceptos y su valoración que el Gobierno el pasado año prometió enviar a todos los mayores de 50 años una primera estimación de cuanto sería su pensión, lógicamente incorporando ciertas estimaciones simples. Bueno, pues ni esto fue capaz de hacer, porque no se ha atrevido a decir una cifra que seguramente no se alcanzará.

Pero en cualquier caso, cuando  salga a la calle, sonría. Somos un país solidario. Cuando se cruce con ese amigo prejubilado a los 55 años que pasea en bicicleta, o a ese anciano sentado al sol y que se ha ganado el descanso, piense que su pensión la paga Ud.

Y cada vez que pase cerca de un parque infantil y vea un montón de niños jugando, sonría. Porque ellos pagarán su pensión.

Y el tono jocoso anterior no quita un ápice de gravedad al tema. O nos empezamos a plantear, cuanto antes mejor, como destinar parte de nuestros ingresos a un ahorro que nos permita mantener un cierto nivel de vida satisfactorio en el ciclo pasivo, tras la jubilación, o vamos a tener una sorpresa , que no debería ser tal, pues estamos avisados, poco agradable. Y no valen soluciones cortoplacistas (comerse la hucha de las pensiones) ni jacobinas (sacarlo de otros impuestos) porque hay lo que hay.

 

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