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Estudiar, aprender, cambiar

aprender a cambiarEn esta época del año, las vacaciones invitan a leer. Y entre las lecturas a veces cae algún libro de management. Nuevos conocimientos, nuevas técnicas, nuevas maneras de hacer las cosas. Sería casi el equivalente a ir a un curso de formación. A estudiar.

Pero hay un paso notable entre estudiar y aprender. Cuando se acaba un carrera universitaria se ha estudiado mucho, pero pocas cosas se han interiorizado. Un viejo profesor me dijo que una carrera universitaria solo te sirve para montar una determinada estructura mental, y que un abogado nunca enfocará un tema como un ingeniero.

Y un día, empiezas a trabajar, recuperas del archivo de memoria lo que estudiaste y te das cuenta de que a muchas cosas le puedes encontrar utilidad. Y solo entonces se empieza a “aprehender”.

A partir de ese momento, empieza un proceso que no debería acabar nunca, que es el del aprendizaje continuo. Haces cosas nuevas, y a partir de lo aprendido (¿la experiencia?) vas aprendiendo nuevas cosas, o enfoques del problema, o mejores soluciones aplicables.

Y cuando se dice “mejores soluciones aplicables” se incorpora un elemento comparativo :“mejores”, lo cual quiere decir que antes se hacía de otra manera. Y eso se llama cambio.

De nada vale formarse si eso no va a generar cambio. De nada vale dedicar tiempo y dinero a formación o cursos si la persona o la empresa no tienen en mente asumir un cambio futuro.

Muchas personas están ya “disfrutando” las dietas que hicieron en mayo y junio (los tópicos y típicos “cuerpos danone”). Y muchos recuperaran pronto los kilos duramente perdidos. Simplemente lo que pasa es que les dijeron qué dieta debían de seguir, con la intención última de que aprendiendo lo que es una dieta más sana, aprendieran a cambiar sus pautas de alimentación. Si las mantuvieran, no recuperarían los kilos. Pero como se vuelve a las andadas, como no hay cambio, pasa lo ya sabido.

Ciertamente alguien podrá decir que alguna formación simplemente te puede dar pautas para solventar dudas. Hace pocos días, un asistente a uno de mis cursos (todos tienen mi mail para solventar dudas o aclarar conceptos que les surjan, pase el tiempo que pase) me preguntaba qué gestiones podía hacer con un pagaré. Efectivamente eso no incorpora “cambio” sino “aclaración”.

Pero cuando hablas con empresas de como mejorar su gestión de tesorería, o cómo mejorar sus procesos de control, o de morosidad, todo puede quedar en “una aclaración” más que en un intento real de cambiar el modelo de gestión y control de la empresa. Y lo mismo podemos decir del fenómeno del “coaching personal”. Nos dicen qué debemos hacer para cambiar. Si lo hacemos, por lo menos iniciamos un camino. Si no lo hacemos, si no cambiamos, todo queda en una charla, normalmente muy agradable y animada.

Parece que estamos saliendo, poco a poco, de la crisis. Por cierto, estos días celebramos el octavo aniversario de su inicio más “formal “ : La compañía de private equity  Blackstone anunció su quiebra el 2 de agosto de 2007, y la American Home Mortgage, el décimo banco hipotecario de los Estados Unidos, anunciaba la quiebra el día 6. Y a partir de ahí, todo lo que hemos visto.

Hemos leído mucho y analizado mucho sobre esta crisis, pero ¿hemos aprendido algo? ¿qué hemos cambiado en nuestra manera de hacer y gestionar?  A nivel personal, mucha gente no ha cambiado ni su modelo de gasto ni su modelo de ahorro. Muchas empresas siguen esperando/pensando que volverán los viejos tiempos y que los productos/servicios ofrecidos seguirán siendo demandados, que se podrán vender de la misma “vieja” manera, y que los bancos volverán a dar crédito como antes.

Y en línea con lo anterior, hace unos días explicaba en un curso el impacto de Basilea III. Y claramente se veía como las mayores necesidades de capital en las entidades financieras iban a comportar una menor expansión del crédito, y la necesidad de preparar tanto nuevas técnicas de negociación como nuevas estructuras de financiación. Si lo que se comentó no lleva a la empresa a cambiar su operativa y planificar los cambios en la estructura de pasivo, o a buscar fuentes alternativas de inversión, esa formación es inútil.

Estos días de descanso pueden ser buenos para darle un par de vueltas a la idea de que cualquier mejora exige un cambio. Y eso implica salir de la “zona de confort” de la solución actual, si no creemos que sea la mejor disponible.

Aprovechemos estos días para cargar las pilas. Así acumularemos energía para poner en marcha el “motor del cambio”.

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