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Para los oligopolios, el cliente no es el rey

perder-clienteCuando llega agosto, normalmente sales de tu ciudad y eso te permite ver como se mueven las cosas en “el resto del país”. Eso te permite tener una visión más diversa, no la del simple “urbanitas de ciudad grande”, y ver qué cosas se repiten y cuales no.

Y estos días, por diversas experiencias, he confirmado mi idea de que, aunque se diga que “el cliente es el rey” todo es simplemente “marketing del malo” porque en los oligopolios, el cliente nunca puede ser el rey. Y España es un país de oligopolios, creados ya sea al albur de la crisis (la bancaria) o por tradición histórica nacional (petróleo, energía eléctrica,..). Oligopolios que a veces promueven la creación de “independientes” simplemente para que se note menos su carácter dominante.

Por si a alguien le pilla a contramano, según la RAE un oligopolio es “Concentración de la oferta de un sector industrial o comercial en un reducido número de empresas.”

Las últimas semanas se está hablando mucho de los cargos por retiradas de dinero en cajeros, cuando se trate de clientes de otra entidad. En un país donde nos hemos acostumbrado a cosas “supuestamente” gratis, aunque se cobraran de forma encubierta, el que nos expliciten un cargo nos pone nerviosos. Y en este tema todo el mundo parece tener razón. A fin de cuentas, quien ha invertido en cajeros, quiere recuperar su inversión. Pero en vez de ponerse de acuerdo entre las entidades, (¿Qué tasa nos ponemos entre nosotros? ¿Cómo nos repartimos los gastos?) atacan al más débil, al cliente, al rey. Y si cuando lo hacen solo 3 bancos ya se cubre casi el 50% de los cajeros disponibles, hay que empezar a pensar que no estamos en una situación de equilibrio. Y si además la tarifa que se pone es la misma, hablar de “casualidad” es ser buena persona

Antes de 2007 había en España casi 150 entidades. Hoy quedan escasamente 15. Y además el pastel no está homogéneamente distribuido. ¿Estamos ante un oligopolio?

Un amigo mío me comentaba que tenía una pesadilla recurrente. Veía a los bancos, a los pocos bancos, reunidos alrededor de una mesa, y tomando acuerdos para lanzar “globos sonda”: “A ti te toca decir que vas a cobrar por retirar dinero de tus cajeros si no son clientes tuyos” “Jo, a mí otra vez” “Si vemos que la gente se cabrea das marcha atrás. Si no protesta, vamos todos después”. Es una pesadilla, pero tiene bastante de real.

Y por mucho que el Banco de España diga que va a prohibir la doble comisión, no lo tiene fácil. Primero, porque en su día el mismo BdE dijo que las comisiones por servicios son libres. Y segundo, porque hablar de que “por un servicio solo se puede cobrar una vez” es cierto, pero decir que la retirada de dinero de un cajero es un servicio único no implica que hay un solo participante en su prestación. Alguien pone la máquina (y todos los costes de hard, soft, mantenimiento, impuestos,… que supone) y otro ha de controlar el dinero que sale de sus cuentas. Quizás el problema viene de que se cobra el importe del servicio en dos tramos. Imaginemos (es solo una pesadilla de verano) que los bancos hubieran comunicado a sus clientes que por retirar fondos de otras entidades habría un cargo adicional de 2 €, y que los bancos se lo arreglaran entre ellos. Pero es mejor que quede como “malo de la película” el otro banco: yo trato bien a mi cliente y tú tratas mal a alguien que no es tu cliente. Y así de paso fastidiamos a los pequeños.

Pensemos en las comisiones por el servicio de pago de emitir una transferencia. En ese servicio (que es único) intervienen dos partes y a veces dos entidades. Hay comisiones, que ya se prevén compartidas pero que hoy las soporta solo el emisor. Pero a corto plazo ( los oligopolios mandan) aparecerán los cargos a emisor y a beneficiario. Si se es buena persona, se puede pensar que el coste total se mantendrá. Si se es medianamente realista, se ve claro que aumentará.

El tema de las comisiones de los cajeros es solo la punta del iceberg. Hoy decimos que cobramos, para luego poder hacer una oferta: “No cobramos costes por retirada en otras entidades”. Y una potente campaña de comunicación. Es un poco el síndrome de Estocolmo.

Pensemos que todas las gestiones en los oligopolios se hacen con una visión a largo plazo, que enmascara y hace olvidar la presión efectivamente realizada. Por ejemplo, pensemos en las eléctricas. Hace ya 4 o 5 años lograron convencer (¿?) al legislador, y por lo tanto a obligar a la gente, que lo importante era la potencia instalada (son inversiones a hacer se consuma o no) y que había que dar más peso a la potencia que al consumo. Subieron las cuotas por potencia y bajaron (o no subieron) las de consumo. Cuando ya se ha consolidado el tema, ahora pasan a incrementar el coste ligado al consumo, sin reducir el otro cargo. Y si se miran las facturas de servicios como el agua, el truco es el mismo. Pero siempre con una visión a largo plazo, para no generar reacciones virulentas.

Pero nuestro problema inmediato son las entidades financieras. Pocas y bien avenidas, cabe esperar a medio plazo un endurecimiento notable, primero en el coste de los servicios (por cierto, las comisiones de descubierto en cuenta han aumentado de manera generalizada entre julio y agosto) y luego en la oferta de financiación.

Por lo tanto, buscar alternativas parabancarias, aunque a corto plazo parezcan algo más caras, puede ser interesante para posibles restricciones futuras.

Saber para prever, y prever para proveer

 

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