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Ahorro, fiscalidad y vehículos de inversión

impuestosEl ahorro de los particulares sigue siendo una asignatura pendiente en la economía española. Si bien los últimos estudios realizados indican que los españoles que consiguen ahorrar entre un 5% y un 30% de sus ingresos ha aumentado de un 39,6% en 2014 a un 42% en 2015, el ahorro final efectivo, según el INE se mantiene en la banda baja. Y de hecho el ahorro sobre los ingresos de las familias se ha reducido al 9,8% global. No hay mal que por bien no venga. Si aumenta el consumo, que es lo que la economía general necesita, pues el ahorro cae. Es matemática pura (ver “4 ideas de economía”).

 Y ¿para qué ahorran los españoles? Pues me permito tomar los datos publicados en el estudio “Los españoles ante el ahorro y la jubilación “del Instituto AVIVA sobre la evolución los objetivos del ahorro. Como la crisis económica parece que está pasando, o eso dicen, se reduce el ahorro para el fondo de emergencia y los gastos habituales (más renta, más gastos cubiertos, más excedente) y se amplía el objetivo para jubilación y estudios de los hijos. Significativo: se reduce el ahorro con el objetivo de compra de vivienda ¿Se ha desistido de ser propietario?

ahorro objetivos

 

Y con este bajo nivel de ahorro, los españoles se enfrentan a un cambio en los vehículos en los que colocarlo. Los depósitos, la tradicional forma de canalizar el ahorro ofrece unas rentabilidades escuálidas. Y la oferta de fondos se ha abierto paso. En este momento, el volumen de ahorro colocado en fondos de inversión ya supera al de depósitos a plazo.

Una población con baja formación financiera se enfrenta a un dilema que es de expertos: combinar el riesgo asumible con la rentabilidad deseada (ver “formación y riesgo en la inversión”).

Lógicamente, este tema se puede ver desde distinto puntos de vista. Hay quien dice que no es más que la lógica evolución de la gestión del ahorro. Y mayor rentabilidad esperada implica asumir mayor riesgo. Pero hay quien dice que asistimos a una “maléfica” predisposición de las entidades que lo ofrecen a sus clientes en busca de las jugosas comisiones que la gestión y comercialización de fondos les ofrecen, frente a la gestión tradicional de depósitos.

Con conocimiento y criterio, todo esto es analizable por el ciudadano de a pie. Sin conocimientos, los miedos y las dudas se disparan. Y hay gente que no entiende porque su fondo de renta variable baja (¿Pero el IBEX no subía siempre? En el gráfico que me enseñaron subía) O que baje su fondo de renta fija (¡Pero si era renta fija!)

Pero pasemos a otro tema. Si creemos que el ahorro es importante, para el país y para cada uno de nosotros, se supone que se debería proteger y como mínimo, si no premiar, al menos no penalizar. Pero la evidencia es que el ahorro es fiscalmente maltratado. Y no solo porque el rendimiento que obtiene sea gravado en el IRPF, con tipos que han ido creciendo en los últimos años.

Y se pueden justificar políticas fiscales, porque es obligación de todos colaborar con el gasto de todos en función de su capacidad. Pero lo que no tiene sentido es que se pague por el mismo hecho hasta 4 veces. Porque por los ingresos del trabajo y la actividad económica ya pagamos el IRPF. Y sobre lo que consumimos, un 13,7% que es el IVA promedio del consumo en España. Pero sobre lo que no consumimos, sobre lo que se ahorra, se paga primero por los rendimientos (las antiguas rentas del capital). Y si tienen la “mala suerte” de ahorrar mucho, además pagará Impuesto del Patrimonio. Y cuando llegue el último momento, todo lo que haya ahorrado y no haya consumido los herederos lo verán mermado en un importe significativo por el Impuesto de Transmisiones Patrimoniales. Recuerdo que un cargo de un gobierno autónomo me decía que, a fin de cuentas, con la herencia se paga el IVA que el difunto no pago al ahorrar y no consumir. Y para mí que se lo creía de verdad. Por no pagar el 13%, ahora pagas el 30%.

El único aliciente para ahorrar es el temor al riesgo (una forma como otra de llamar al miedo) a hacer frente a lo que no cubra el estado del bienestar en forma de estudios, desempleo o jubilación. Porque cualquier aliciente se ha ido eliminando, algunos de forma justificada (no tenía sentido primar el ahorro canalizado hacia la vivienda, que además era generador de riesgo de endeudamiento) pero otros se han eliminado por una visión cortoplacista: reducir la deducción de aportaciones en fondo de pensiones, que solo supone un diferimiento de impuestos, es un mera voluntad de acelerar la recaudación.

Y en esta difícil coyuntura, llegamos al tema de los vehículos de inversión. La ignorancia no es solo muy atrevida, sino que además puede ser peligrosa. La última discusión sobre la fiscalidad de las SICAV, aunque quede en nada, es solo una muestra de que puede pasar cuando a una sociedad con escasos conocimientos financieros, un líder político, con menos conocimientos financieros todavía, le promete “solventar el problema”.

Si alguien no entiende que es un diferimiento de impuestos, pues que lo diga. Una cosa es no pagar (y ya no digamos hacer fraude al resto de los ciudadanos) y otras diferir el pago de un impuesto. De hecho, cualquier trabajador se deduce de su renta los gastos de seguridad social (que se dedican a pagar básicamente las pensiones de los actuales pensionistas) pero ya sabe que cuando cobre su pensión tendrá que pagar ¿Qué es esto sino un impuesto diferido?

Y algunos, con una gran alegría se quieren llevar por delante las SICAV y, por el mismo principio de diferimiento, los fondos de inversión que tiene la misma fiscalidad ¿Recuerdan la escena de Jurassic Park 1, cuando el T-Rex ataca a los niños? El profesor le dice a la niña: “No te muevas, el T-Rex solo detecta el movimiento”. Pues Hacienda igual, si no te mueves (si no liquidas) no pasa nada, pero en cuanto te muevas (en cuanto vendas) lo vas a pagar todo.

Pobre ahorro. Poco estimulado, penalizado fiscalmente y ahora con propuestas de eliminar vehículos de inversión. Como decía Ortega (no Amancio, sino Ortega y Gasset): “No es eso, no es eso”.

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