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Roboadvisors y evaluación del riesgo

matrixEn los últimos tiempos, uno de los conceptos que más habitualmente vemos en la prensa económica es “fintech”, la fusión de finanzas y tecnología. Como concepto no es nuevo, pero sí como palabra.

Quizás porque nuestro país está altamente bancarizado, y porque nuestras entidades son tecnológicamente potentes, ver la tecnología insertadas en las finanzas del día a día (desde las Normas CSB en la gestión de las empresas hasta la utilización masiva de tarjetas de débito y crédito o de la banca electrónica) no es algo que nos sea extraño.

Pero lo que ahora se plantea es efectivamente distinto. No son solo nuevas herramientas, sino un cambio de paradigma. Un cambio como el que hizo, a finales de los años 80, que las relojeras suizas cayeran  en una crisis cuando apareció el reloj digital. Ya no hacía falta un reloj mecánico, y además los nuevos relojes eran mucho más barato. ¿Les suena?

Y es que las fintech suponen un cambio de paradigma. Dada una nueva tecnología que permite una más rápida (y cada vez más segura) comunicación, la posibilidad de plantear una oferta de servicio o de financiación es más rápida y barata. Los viejos modelos de servicio presencial y que aportan prestaciones que hoy han perdido su valor añadido, se ven superados.

Y  hablamos de un mercado de enormes dimensiones económicas. No debemos  olvidar que una de las 3 patas del negocio bancario son los servicios de cobro y pago, y otra la intermediación financiera entre ahorro y financiación.Unas buenas herramientas tecnológicas permiten plantear una oferta del servicio más accesible y más barata. Y por eso, las fintech están siendo una de las industrias donde los inversores, a través de las start-up, están fijando su objetivo…y enviando su dinero.

Y en la línea de ofrecer servicios financieros soportados en nuevas tecnologías, han aparecido los robo-advisors, una contracción, por cierto poco afortunada, de robot y advisor (asesor).

Ya en su día planteábamos en otra entrada la duda sobre si un algoritmo puede sustituir a un asesor. Y en repetidas ocasiones hemos comentado que la cantidad de datos no son sinónimo de información de calidad.

Pero es que en el caso del asesoramiento se están confundiendo tres temas: datos, información y toma de decisión. Porque la toma de decisión implica “cultura”, lo que la RAE define, a nivel personal como” nivel de conocimiento que permite tomar decisiones con criterio”

La particularidad del asesoramiento financiero, además del conocimiento de los mercados y de los vehículos de inversión que exige, es que va dirigido a una persona en específico. Y se quiera o no, por mucha tecnología y pseudo-marketing que se aplique, en la gestión de las finanzas personales, cada individuo es diferente.

Y podemos definir esos 3 puntos de diferencia básicos. El primero son los objetivos personales de cada individuo y por tanto su planificación financiera personal. No es lo mismo si quiero ahorrar para comprarme un coche, que para dar la entrada de una vivienda que para asegurar la universidad de los hijos. Eso va a implicar el uso de vehículos de inversión diferentes, que en liquidez y rentabilidad pueden variar mucho.

El segundo factor es el riesgo deseado, el riesgo asumible y el riesgo soportable. En este blog ya hemos hablado de riesgo y de riesgos personales. Y es fácil ver que un mero cuestionario, por largo y prolijo que sea, difícilmente va a poder detectar no solo el riesgo deseado por el cliente (me gusta conducir a 180 km/hora por la autopista y soy buen conductor), sino también el riesgo asumible (si me ponen una multa “gorda” no sé de donde sacaré el dinero) y también el riesgo soportable (soy conductor de profesión y si me quitan el carnet me quedo sin trabajo). Y en el fondo, esto es lo mismo que le pasa a cualquier empresa cuando toma un riesgo. Todos somos diferentes.Y es que una cosa es recomendar, y otra muy diferente elegir y luego soportar las consecuencias

ciclo de inversores_4Y el tercer factor son los sesgos conductuales. Y aquí podríamos hablar de aquellos sentimientos personales que están por encima incluso de la lógica: Los sesgos de “anclaje”, de aversión a las pérdidas, de exceso de confianza, los sesgos de encuadre. Todo ello suele llevar a la montaña rusa del gráfico adjunto. Por eso muchas veces el “pillado” es siempre el pequeño inversor. Llega tarde y compra en los puntos altos…y sale tarde y vende en el fondo del valle.

¿Son por tanto los “robo-advisor” algo innecesario? Ni mucho menos. Hoy cuando alguien va a comprar un coche tiene casi tanta, o más información, que el vendedor. Y eso es bueno porque da claridad y transparencia al mercado financiero. Pero ¡ojo con automedicarse! , con leer solo el prospecto.

Hace pocos días, en una revista de inversión leía este titular “La deuda senior permite a los inversores obtener el mismo retorno que el high yield, pero sin riesgo de tipos y con un mejor perfil de riesgo de crédito”

¿Lo ha entendido? No se preocupe, es compleja. Pero ¿Invertiría sus ahorros en este vehículo de inversión? La idea básica es siempre la misma: no invierta en lo que no entienda. Lo diga un robo-advisor, un asesor financiero o el director de su oficina.

Y dejo para el final una frase sobre el tema que copio del blog de María Folqué y Montserrat Formoso de Funds People.

Robots financieros, vosotros que no sufriréis subidas de tensión cuando la cosa se ponga chunga, desde aquí os lo decimos, la frontera es sumamente porosa, ni Donald Trump podría reforzarla, y a veces está muy cerquita del suelo. Id incorporando un contestador automático para cuando empiecen a llamaros los sufridos ahorradores y no sepan nada ni de Markowitz ni de Sharpe pero nombren a sus madres”.

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