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Asimetría informativa, criterio y decisión

Estos últimos días de las vacaciones sirven para releer toda esa prensa salmón que durante unos días has podido olvidar. Y dedicas más tiempo a leer los artículos de fondo, de los EXPERTOS, con mayúsculas, y ves la complejidad de muchos temas.

Y en ese momento te das cuenta, una vez más, de la famosa idea de la asimetría informativa: Dos partes en una negociación tienen un distinto nivel de información. Pero esto tiene una doble vertiente. Hay una asimetría de disposición de información, unos tienen mucha y otros tienen poca. Pero hay otra asimetría derivada de la capacidad, o incapacidad, de entender los conceptos que se exponen.

La primera asimetría implica que, en una negociación o en cualquier tipo de propuesta comercial, una parte dispone de más información que la otra, con lo que puede argumentar y llegar a un determinado acuerdo que será más beneficioso para la parte más informada. No se trata de mentir, es solo no poner toda la información encima de la mesa y no enseñarle a la otra parte todo lo que se sabe.

Esta asimetría solo puede eliminarse obligando a las partes a que aporten el máximo de información. Y una manera de obligar es legislando.  ¿Qué pretendía el nuevo Plan General de Contabilidad, cuando incluía las Normas NIC? Pues solo aumentar el grado de transparencia que la contabilidad ofrecía a terceros, accionistas, inversores, proveedores u otros stakeholders. ¿Y qué pretende MIFID II? Pues llevar al máximo la transparencia entre el ahorrador/inversor de forma que ninguna parte decida con falta de información de la cual la otra parte dispone. No se trata de decir cómo va a evolucionar el mercado, que no se sabe, pero si informar del riesgo que se asume. Y cuando estamos obligando al notario a una lectura detallada de las escrituras y a avisar al firmante de las obligaciones que asume, se está “forzando” esa transparencia.

Y siempre teniendo en cuenta que la normativa difícilmente podrá llegar a regular todos los posibles resquicios  que alguna de las partes pueda intentar encontrar.

Ahora bien, la segunda asimetría no puede regularse. La posición de conocimiento de cada una de las partes es la que es. Y en cualquier entorno, a la que sea mínimamente complejo, sea la medicina, las finanzas, la alta cocina o cualquier otro, las partes pueden no estar en una situación similar.

Frente a esta segunda asimetría, se ha querido cubrir el gap aumentando el volumen de información. Y ahí la tecnología se ha convertido en un arma de doble filo. En aras de una pretendida “democracia informativa”, y que todo el mundo tenga toda la información disponible, se ha llegado a una inflación de información que ha generado infoxicación. Hay mucho más volumen de información, pero ésta tiene menos calidad. Y lo que queda al final es una nebulosa que nada aclara.

Si vamos a una consulta rápida accediendo a Google, si ponemos “hipotecas a tipo fijo” hay 864.000 entradas, de hipotecas a tipo variable hay 502.000, de fondos de inversión 450.000, y de préstamos al consumo 1.220.000. Y si miramos el tema desde el punto de vista de la empresa, por ejemplo  hay 813.000 entradas sobre seguros de crédito de clientes. Cierto, hay mucha información, pero no sirve para tener conocimiento. Porque eso exige que haya una formación previa, que permita al individuo poder asimilar y aprehender esa información.Y sin ese conocimiento no se puede formar un criterio.

El ciclo ya lo hemos repetido muchas veces: solo con formación se puede interpretar la información y así se puede formar un criterio para tomar una decisión.

Y como esa formación nunca podrá ser igual entre las dos partes en una negociación, vemos que la asimetría informativa es imposible de eliminar

Y esto no vale solo cuando hablamos del ciudadano que está firmando un préstamo, con garantía hipotecaria o sin ella, o cuando está realizando una inversión financiera en un fondo o en un activo financiero. Vale igual para la gestión de las empresas.

Vivimos en un país no ya de PYMES, como Pequeñas y Medianas empresas, sino PYMES como Pequeñas y Microempresas. El nivel de información financiera puede ser muy amplio, pero el bajo nivel de formación financiera hace que la comprensión de esa información sea mínima.

Solo hay que ver las ofertas bancarias, que esconden costes en comisiones o que aplican conceptos que parecen nimios, pero incrementan sensiblemente el coste, para ver esa realidad. O el desconocimiento que hay de las alternativas de financiación parabancaria. O de técnicas de planificación financiera o estratégica.

El legislador, con su mejor voluntad, puede intentar forzar la transparencia, pero si al otro lado no hay formación, es como si  hablaramos en otro idioma. Y eso hace que el conflicto, porque una parte se siente “engañada” por la otra, vaya a seguir apareciendo.

NOTA : Aquí hemos hablado de ahorradores y PYMES, con una visión económica. Pero no olvidemos que la información (o pretendida información) a la que podemos acceder gracias a las nuevas tecnologías y las redes, es la que procesamos internamente para formar opiniones de cualquier tipo. Y otra vez hay que decir que sin formación (no ya técnica, sino de valores) el procesamiento de esa información nos puede llevar a generar opiniones de dudosa racionalidad.

Y como dijo Popper: No se puede convencer racionalmente a quien ha tomado una decisión irracionalmente.

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