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Pagarés y pagos domiciliados

Este tema debería estar claro para cualquier empresario, sobre todo PYME, que cobra de sus clientes mediante algún tipo de efecto. Pero estos días en varias conversaciones me he dado cuenta de que el error entre pagaré y pago domiciliado persiste.

La expresión “Ha llegado el pagaré del cliente” muchas veces esconde que lo que en realidad se ha recibido es solo un pago domiciliado. Y las diferencias son muchas.

La Ley 19/1985, Ley cambiaria y del cheque, definía las funciones del cheque, del pagaré y del efecto aceptado. Posteriormente, y como el mercado financiero y la tecnología van por delante de la Ley, aparecerá la figura de “truncamiento” que básicamente su pone que se mueve la información y luego se mueve el documento. Y ahí aparecerá en España el recibo domiciliado, base de lo que luego será SEPA y su gestión de domiciliaciones. Esta vez, nos han copiado.

Los pagarés, junto con el cheque y la letra de cambio, son títulos cambiarios. En ella figura la firma del pagador, que reconoce un importe a pagar, además de un lugar de pago (normalmente una cuenta bancaria) y una fecha de pago (en el caso del cheque a su presentación). Y si no se atiende el pago, puede procederse al protesto y a iniciar una acción cambiaria

Las empresas necesitan financiación. Y la línea habitual es la de descuento. Cuando las empresas comienzan a generar recibos domiciliados a sus clientes, estos se encuentran con que su proceso de pagos depende del cliente. Cualquier error o discrepancia en importe, entidad o vencimiento, o por no aceptación de la factura que genera el cargo, va a generar una lógica devolución. Y eso, aparte de dar mala imagen, exige unos recursos dedicados al control.

Hemos de tener claro que el proceso de pagos es un proceso sin valor añadido. Como tantos otros, son necesarios, pero no añaden valor a la empresa. Deben ser lo más rápido y simples posibles, con la mínima dedicación de recursos una vez la factura que generara el pago ha sido aceptada.

¿Y qué solución aplicar? Si se envía un pagaré, se controla el proceso de pago. Pero esto supone liberar un documento con unas relevantes consecuencias si decide no pagarse. De entrada, aparecer en el RAI. Y ahí aparece la idea de un recibo domiciliado pero que sea emitido por el cliente, es decir por el pagador.

Los bancos deciden aportar una ayuda en este proceso. La empresa envía un fichero con los pagos a realizar y el banco genera los “pagos domiciliados”. Ese será el nombre elegido. Emitido por un banco, con la solvencia que eso aparenta, tiene la misma estructura de un pagaré. Pero no figura la palabra PAGARE, exigencia fundamental de la Ley cambiaria y del cheque

Pero la entidad se cubre en salud. Y si miramos el dorso del documento indica claramente, que no es un efecto cambiario, que en ningún caso habrá pagos parciales, y que solo se pagará si hay fondos y si el cliente no ha revocado sus instrucciones.

Y todos felices. El cliente tiene un recibo para descontar y el cliente controla su proceso de pagos de forma automática (recibe el extracto y cancela el recibo pendiente)

¿Todos felices? Claramente pierde el cliente, que ha de esperar que llegue el pago domiciliado para poder financiar su cartera, que recibe un documento que se pagará, o no se pagará, y que al estar hecho por el cliente puede tener cambios sensibles en cuanto a vencimiento o importe.

 

Incluso a veces se generan errores a la hora de contabilizar estos documentos. Hay empresas que los contabilizan en la cuenta 431. Clientes, efectos comerciales a cobrar. Y eso es erróneo, pues esta cuenta, como el mismo PGC define, solo debe reflejar los Créditos con clientes, formalizados en efectos de giro aceptados. Y el pago domiciliado no lo es. Por tanto, deberíamos preparar subcuentas en la cuenta 430 para reflejar esta situación y sus variedades (Cartera, descontado, al cobro o impagado).

Así que al pagaré lo que es del pagaré, y al pago domiciliado lo que es del pago domiciliado.

Lectura recomendada

El medio de cobro no es neutral.

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