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Año nuevo, planificación nueva

Empieza el año, y todos empezamos con nuevas intenciones y deseos. Y nos pasa a nivel personal y profesional. Pero los deseos mal planificados son difíciles de alcanzar. Y si no se alcanzan, eso lleva a la frustración personal o al fracaso empresarial, que son dos caras de la misma moneda.

Es fácil decir que el este año si que voy a mejorar mi nivel de inglés. Pero concretemos ¿Hasta que nivel? ¿qué tiempo le voy a dedicar? ¿Voy a tener tiempo libre para eso? ¿A qué voy a tener que renunciar? Esto es más complicado. Y hay que reconocer que esto no solo se da a nivel personal, sino mucho más a nivel empresarial.

Muchas compañías van a entrar en el nuevo año sin una planificación clara sobre como esperan que evolucione su negocio en el próximo año. Y no digamos en un plazo hasta 3 años. Como mucho, algunas han previsto un intento de posible cuenta de resultados, y poco más. Y cuanto más pequeñas, menos planificación.

Pero aún si aceptamos que muchas empresas dirán que sí tienen una planificación (cierto: una cosa es lo que digan y otra lo que hagan) nos queda un tema adicional: el Plan B

La planificación pretende establecer unos planes de acción para obtener unos objetivos. Y lo importante es el objetivo (incrementar ventas, entrar en ciertos mercados, promover ciertos productos o servicios,) y las acciones para obtenerlos son solo medios. Pero si a lo largo del ejercicio vemos que los medios utilizados no dan el fruto esperado, deberemos recurrir a nuevas alternativas. Y no podemos ponernos a inventar “quick & dirty”. El plan B es necesario

Y vemos que esta idea del plan B no es habitual. Ahí tenemos el ejemplo del Reino Unido con el Brexit : había una línea de actuación prevista, en función de la reacción esperada …y no hay plan B. Ahí tenemos a Mr. Trump y su deseo de cambiar el Obamacare : había una serie de medidas a tomar que no han sido aceptadas…y no hay plan B.

Ciertamente muchas empresas no quieren generar un plan B porque implica dos cosas

1.- Aceptar que el fracaso con las medidas propuestas es posible

2.- Alguien dice que puestos a tener un plan B, pues empezamos ya por ése.

Con o sin plan B, la planificación (a nivel personal y empresarial) es necesaria. Como decía el viejo proverbio “Saber para prever, y prever para proveer

Y cuando hacemos una planificación no deberíamos quedarnos en plantear simplemente la cuenta de resultados, sea a 1 año o a 3. Debemos de establecer cuál es el balance patrimonial previsto que esas ventas y costes nos va a originar. Sobre todo, a nivel de NOF: Necesidades Operativas Financieras: clientes, existencias y proveedores. Porque ahí podemos tener un talón de Aquiles.

Y es que, tras hacer la planificación del beneficio, hemos de hacer la planificación de la tesorería. El/los año/s próximos queremos crecer o mantenernos. Y eso va a comportar unos flujos de caja que van más allá de las compras y las ventas. Hay préstamos a devolver e inversiones, aunque solo sea de mantenimiento, a realizar. Y eso va a drenar nuestra caja, quizás más allá de la aportación que van a suponer nuestras ventas, o por centrar el concepto, el cobro de nuestras ventas (por no olvidar el efecto morosidad).

Así que empezamos el año con unos conceptos básicos

1.- Objetivos claros y alcanzables

2.- Plan de medios y acciones para conseguirlos

3.- Cuenta de resultados provisional que nos planteamos

4.- Plan B si los medios previstos no dan el resultado deseado

5.- Inversiones necesarias

6.- Plan de evolución de las NOF (Plazos medios de cobro, pago y existencias)

7.- Plan de amortización de préstamos y obligaciones financieras

8.- Presupuesto de tesorería y necesidades financieras detectadas

9.- En su caso, viabilidad de obtener la financiación necesaria

10.- Si la financiación es viable, adelante. Si no, volver a la casilla de salida

 

Es simple y obvio. Es solo cuestión de hacerlo

 

Lecturas recomendadas

Planificación de la tesorería

Presupuesto y previsión de tesorería

Plan estratégico de tesorería

Break-even de tesorería

 

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